Me pagan por matar a un hombre. Su guardaespaldas es el grandullón al que le eché el ojo en un bar.

CLAY

Soy asesino a sueldo, pero solo mato a monstruos.

Estoy de vacaciones en Port Dale cuando me llega un encargo: un filántropo millonario que, según mi contacto, merece morir.

Le pongo una bomba en el coche, pero su nuevo guardaespaldas la encuentra. Es el tío del bar: exmarine, un armario empotrado y siempre un paso por delante de mí.

Debería estar cabreado, pero me tiene fascinado.

ELLIOT

Me han contratado para proteger a ese filántropo, y el asesino, sea quien sea, es muy bueno.

Así que tiendo una trampa: el que duerme en la cama de mi cliente soy yo.

El asesino aparece y lo reconozco: es Clay, el del bar. «Se suponía que no ibas a estar aquí», me suelta.

Se me escapa, pero cuando se cuela en mi piso para quitarme de en medio, lo estoy esperando.

La policía no lo retendría mucho y volvería a por el filántropo, así que lo tengo atado en casa. Y él me jura que el verdadero monstruo es mi cliente. Claro que miente hasta en el color de los ojos: lleva lentillas.

He atrapado a un asesino que, aun atado, me echa de mi propia cama. Encima, es un tocapelotas.

Y si dice la verdad, he estado protegiendo al hombre equivocado.

Romance gay de enemigos a amantes entre un asesino a sueldo y un guardaespaldas, con suspense romántico y una tensión a fuego lento que acaba subiendo de tono. Libro 2 de Los héroes de Port Dale. Cada libro, una pareja nueva: historia independiente y final feliz garantizado.

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