Matar o besar (Los héroes de Port Dale 2) 17 Clay
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17 Clay

Clay

Clay dejó que el agua caliente de la ducha de Elliot le golpeara la espalda dolorida y llena de moratones.

Ducharse por separado parecía la opción más prudente para los dos.

No es que Clay creyera que fueran a hacer nada que no debieran.

En su vida se había sentido tan cansado ni tan poco atractivo.

Pero así evitarían darse golpes sin querer, y ya estaban bastante maltrechos.

Cerró los ojos y se apoyó, rendido, contra la pared.

De momento estaban a salvo. Clay no tenía tan claro que debieran haber dejado que los hombres del edificio les vieran la cara, ni siquiera que siguieran vivos sabiendo quiénes eran.

Elliot insistía en que no pasaría nada, y Clay estaba demasiado cansado para discutir.

Y, sinceramente, se alegraba de seguir vivo.

Sonriendo, cerró el grifo y cogió la toalla que había fuera de la bañera para secarse.

En algún lugar del piso, Elliot lo esperaba.

Clay no recordaba haber tenido nunca a nadie que estuviera, sencillamente…

esperándolo. Elliot había visto a Clay tal como era, sabía qué clase de persona era Clay y aun así lo deseaba.

Y lo mejor era que Elliot creía que había algo en él que merecía la pena salvar.

Aunque Anthony había planeado vender a Elliot como si fuera ganado, este se había negado a permitir que Clay se manchara las manos por ira.

Solo esperaba estar a la altura de la fe que Elliot había depositado en él.

Clay abrió la puerta del baño y dejó que saliera una nube de vapor.

Una mirada a la derecha le bastó para comprobar que Elliot no estaba en el dormitorio.

Sin embargo, le llegaba el murmullo del televisor, así que lo siguió.

Clay esperaba encontrar a Elliot dormido en el sofá, pero estaba arrebujado en una manta, tumbado a sus anchas y mirando la televisión.

Elliot levantó la vista cuando entró Clay y le dedicó una sonrisa radiante.

—⁠Hola, guapo. ¿Qué tal la ducha?

—⁠Ha sido como si me estuvieran dando una paliza todo el rato, pero ha merecido la pena —⁠le dijo Clay, dándose unas palmaditas en la toalla que llevaba alrededor de la cintura.

Elliot le hizo un gesto para que se acercara.

—⁠Ven a acurrucarte conmigo.

Clay soltó una risita.

—⁠Todavía estoy mojado y desnudo.

—⁠Primero, el sofá es de cuero. Y segundo… —⁠Elliot sonrió y abrió la manta⁠—⁠, yo también.

Clay recorrió con la mirada el cuerpo desnudo de Elliot, dividido entre la preocupación y el deseo.

Ver a Elliot desnudo, expuesto ante él, era todo un espectáculo.

Clay esperaba no cansarse nunca de contemplarlo y que Elliot siguiera invitándolo a acurrucarse desnudos con la misma naturalidad.

Lo que le inquietaba eran los moratones oscuros que le salpicaban el pecho ancho, el vientre plano y los brazos musculosos.

—⁠Quizá deberíamos ir a que te miren esas heridas —⁠dijo Clay, observando los moratones.

Elliot le tendió la mano.

—⁠Deja de preocuparte por mí. Me han hecho daño suficientes veces para saber cuándo voy a estar bien y cuándo no. Estaré dolorido unos días, pero nada más.

Clay quería llevarle la contraria, pero la tentación de sentarse y dejar que Elliot lo envolviera entre sus brazos pudo más.

Se quitó la toalla y la tiró al suelo embaldosado del pasillo.

A Clay no se le escapó cómo los ojos de Elliot recorrían su cuerpo, ni cómo cierta parte de la anatomía de Elliot empezaba a mostrar interés.

Pero entonces Elliot tiró de él y lo sentó en su regazo.

Tal como esperaba, notó que Elliot se ponía duro contra su espalda.

Aquello hizo sonreír a Clay, aunque aún más sentir que los brazos de Elliot lo rodeaban y estrechaban con fuerza.

Después de descansar bien, ya tendrían tiempo de ocuparse entre los dos del creciente problema de Elliot.

Por ahora, le bastaba con estar entre sus brazos, donde, por primera vez en mucho tiempo, se sentía en paz y satisfecho.

El aliento de Elliot le rozó el cuello.

—⁠Hemos salido en las noticias.

Clay alzó la cabeza de golpe para mirar la televisión.

—⁠¿Qué?

La mano de Elliot le apretó el muslo.

—⁠Nosotros en persona, no.

En la pantalla aparecía un reportero junto a una carretera, con una densa humareda a sus espaldas. En la parte inferior se leía: «Incendio en un hotel abandonado; segunda explosión en un día». Elliot cogió el mando y subió el volumen. La voz del reportero se oyó con claridad.

—⁠Las autoridades aún no saben con exactitud qué ha provocado el incendio, pero creen que la explosión se debió a una llave de paso del gas que alguien dejó abierta por accidente en el edificio.

Tampoco saben si esta explosión guarda relación con la ocurrida en un motel de Fifth Street.

Nos han asegurado que este edificio llevaba muchos meses abandonado y que es improbable que hubiera alguien dentro.

Sin embargo, lamentamos comunicarles que el huésped del motel del centro no ha aparecido y se le da por muerto.

—⁠Mierda —⁠murmuró Clay.

—⁠¿Eh?

—⁠Se me ha olvidado decirles a los de recepción que estoy vivo. Creen que he muerto —⁠dijo Clay con una carcajada.

—⁠¿Tenían tu nombre verdadero?

—⁠Bueno, no.

—⁠¿Era el nombre de una persona real?

—⁠Ni puta idea. Seguramente sí, aunque la foto era mía.

—⁠¿Conservarán una copia?

Clay negó con la cabeza.

—⁠No se molestaron en hacer ninguna copia. Solo querían comprobar que el nombre coincidía con el de la tarjeta que les di. Buscarán a la persona equivocada.

Elliot lo atrajo aún más hacia sí, hasta pegarlo a su cuerpo.

—⁠Pues yo, por mi parte, me alegro de que no estés muerto.

—⁠Y yo también me alegro de estar vivo —⁠dijo Clay entre risas.

Se quedó callado al darse cuenta de que acababa de esquivar con soltura el comentario de Elliot, como si fuera lo más natural del mundo. Respiró hondo y sacudió la cabeza. Si iba a intentarlo, tendría que empezar a esforzarse por ser la clase de persona que Elliot se merecía.

—⁠No, eso no está bien —⁠dijo Clay.

—⁠¿Eh? ¿El qué? —⁠preguntó Elliot, alzando la vista con el ceño fruncido.

Clay se obligó a mirar a Elliot de frente.

—⁠Quiero decir que, cuando creí que habías muerto, sentí como si me arrancaran el pecho.

Apenas nos conocemos, pero sabes más de mí que ninguna otra persona viva, que yo sepa.

A la mayoría eso les bastaría para salir huyendo, pero tú simplemente…

ves más allá y encuentras algo distinto.

Eres lo mejor que me ha pasado en años, y sentí como si hubieran triturado mi último atisbo de esperanza y luego le hubieran prendido fuego.

Elliot lo miró con los ojos muy abiertos y acarició con delicadeza la mejilla de Clay.

—⁠¿Y de verdad crees que, si has reaccionado así, no eres mejor de lo que piensas?

—⁠No creo que sufrir por una pérdida sea muy altruista —⁠murmuró Clay.

—⁠Clay. Es humano. Significa que te importa alguien.

Que has dejado que alguien se acerque lo suficiente como para que su pérdida te duela.

Significa que eres capaz de amar y de sentir compasión.

Puedes ser la persona que la señora Collins vio en ti hace tantos años.

No tienes por qué seguir siendo la herramienta en la que te convirtieron tus jefes.

Puedes ser libre —⁠dijo Elliot con una amplia sonrisa.

Clay no estaba tan seguro. Llevaba tanto tiempo solo, vagando por un mundo de sombras y sangre, que le costaba creer que las palabras de Elliot fueran ciertas.

Pero eso no impedía que deseara que lo fueran.

Si aquella otra vida significaba poder sentir lo que sentía con Elliot, quizá sí había algo, y merecía la pena tenerlo.

Merecía la pena tener a Elliot.

Clay se dejó envolver por el calor de Elliot y lo besó con suavidad. La fuerza del cuerpo que lo sostenía lo reconfortaba, pero fue la fortaleza de su corazón la que dio consuelo a Clay. Con un hombre así a su lado, Clay se preguntó si no sería capaz de superar casi cualquier cosa.

Un sonido agudo hizo que Clay levantara la cabeza. Miró con el ceño fruncido el molesto móvil, que vibraba sobre la mesa. Soltó un gruñido de fastidio, lo cogió y se lo pasó a Elliot.

Elliot arrugó la frente al mirarlo.

—⁠No conozco el número.

Clay se quedó mirando los dígitos mientras un frío helado le recorría el vientre.

—⁠Contesta.

Elliot arqueó una ceja, pero lo hizo.

—⁠¿Diga? Ah, sí, soy… ¿Usted…? ¿Qué? Ah, vale.

Con expresión desconcertada, Elliot apartó el móvil de la oreja. Pulsó un botón y de él salió una voz que Clay conocía demasiado bien.

—⁠Solo para confirmarlo: ¿hablo con Elliot Remus? —⁠preguntó Fate en tono seco⁠—⁠. No importa quién soy yo. Lo importante es que, a todos los efectos, usted es lo más parecido a un familiar que le queda a Clay.

—⁠¿Que soy qué? —⁠preguntó Elliot con los ojos muy abiertos.

Clay sacudió la cabeza y se encogió de hombros.

Tampoco él tenía ni idea de qué hablaba, y mucho menos de cómo se había enterado siquiera de la existencia de Elliot.

El miedo se le estaba convirtiendo en un nudo en el estómago.

Empezó a preguntarse cuánto tardaría un agente en presentarse a su puerta.

Dios, tendría que huir para mantener a salvo a Elliot, ¿verdad?

Fate se aclaró la garganta.

—⁠Sí. Clay no tenía familia y, hasta hace poco, tampoco mantenía relaciones personales. Usted es la persona más cercana a la que puedo informar.

—⁠¿Informarme de qué? —⁠preguntó Elliot con un hilo de voz.

—⁠Lamento comunicarle que Clay ha perdido trágicamente la vida en acto de servicio. Lo hemos confirmado y he remitido el informe. Por lo que a nosotros respecta, hemos perdido a Clay, y todos los registros relativos a él se tratarán en consecuencia —⁠dijo Fate.

—⁠Yo… Ah, ¿sí? —⁠logró decir Elliot.

Entonces Clay comprendió que ella no estaba hablando con Elliot.

No: tenía que saber que Clay estaba allí mismo y, en realidad, le estaba diciendo que la Agencia lo creía muerto.

Fate había interpretado la explosión del motel como una muerte fingida por Clay y había aprovechado la ocasión de inmediato.

A él no se le había pasado siquiera por la cabeza, pero, maldita fuera, la suerte seguía de su lado.

—⁠También lamento comunicarle que mantuvo todos sus documentos financieros fuera de nuestro alcance, de modo que no podemos transferirle el control de sus fondos.

—⁠Eso —⁠dijo Elliot, mirando fijamente a Clay⁠— es una lástima.

—⁠Sí, pero así era el hombre al que empleábamos. Dicho esto, siento mucho haber tenido que darle la noticia y le recuerdo que el trabajo que realizaba era y seguirá siendo para siempre información clasificada.

Elliot se aclaró la garganta.

—⁠Claro, sí, por supuesto. Gracias por avisarme.

—⁠Por supuesto. Ahora que hemos terminado, le dejo que siga con su vida, señor Remus. Y… cuídese.

Aquella última palabra la había dicho con suavidad y con más emoción sincera de la que Clay le había oído jamás.

Iba dirigida a él.

Elliot colgó sin apartar los ojos del rostro de Clay.

—⁠¿Qué… acaba de pasar?

Clay se quedó mirando el móvil, inesperadamente conmovido por aquella última despedida de Fate.

No tenía ni idea de cómo se había enterado de la existencia de Elliot, ni de por qué le importaba lo suficiente para intentar ayudarlo.

Quizá nunca resolvería esos misterios, pero le estaba agradecido.

Estuviera donde estuviese, esperaba de corazón que supiera lo que había hecho por él.

—⁠Me… han liberado —⁠dijo Clay en voz baja.

Elliot abrió mucho los ojos.

—⁠¿Qué?

Clay asintió.

—⁠Supongo que los medios no fueron los únicos que pensaron que había muerto en aquella explosión. Imagino que sabía dónde estaba porque rastreaba mi móvil. Estaba hablando con ella cuando se produjo la explosión y se cortó la llamada. Seguramente vio las noticias y…

—⁠Pensó que habías muerto —⁠terminó Elliot.

Clay cerró los ojos, sacudió la cabeza y sonrió.

—⁠No. Cree que fingí mi muerte. Pero me está dando la oportunidad de ser libre. Borrarán todo rastro de mí de sus archivos: un último cabo suelto que podría conducir hasta ellos. Soy libre, Elliot.

—⁠Libre —⁠repitió Elliot.

—⁠Libre —⁠le aseguró Clay.

El último cabo suelto, atado y desechado, que ya nunca volvería a darle problemas.

Aún no sabía si de verdad podría hacerlo, si llevaba dentro lo necesario.

Pero, maldita sea, ver la alegría que crecía en el rostro de Elliot bastaba para que Clay estuviera dispuesto a enfrentarse al mundo entero con tal de intentarlo.

Elliot lanzó un grito de júbilo y estrujó a Clay en un abrazo enorme. Clay soltó un chillido bajo la presión y apenas pudo retorcerse mientras Elliot lo sujetaba.

—⁠¡Aire! —⁠jadeó Clay.

Elliot lo apartó un poco y lo miró fijamente.

—⁠¿Quieres hacerlo? ¿Estar conmigo, vivir como una persona normal?

¿Renunciar a una vida de soledad y amargura?

¿Dejar atrás la necesidad de mirar siempre por encima del hombro y de desconfiar de todo el mundo?

¿Elegir, en cambio, una vida en la que pudiera encontrar verdadero consuelo en las caricias de Elliot, en la emoción de sentir a Elliot dentro de él, en la calidez de su sola presencia?

—⁠Claro que quiero —⁠respondió Clay sin vacilar.

Era la decisión más fácil que había tomado en su vida.