Matar o besar (Los héroes de Port Dale 2) 14 Elliot
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14 Elliot

Elliot

Cuando despertó, el sol ya había salido y sus rayos entraban a raudales por las cortinas. Elliot no recordaba la última vez que había dormido hasta tan tarde. Y, sin embargo, Clay seguía dormido a su lado, en el mismo sitio donde se habían quedado traspuestos la noche anterior.

Clay estaba de costado, acurrucado bajo el brazo de Elliot.

A Elliot lo invadió la ternura mientras observaba subir y bajar el pecho de Clay.

Parecía que aquel hombre estuviera hecho para dormir bajo el brazo de Elliot, pegado a su cuerpo.

Y, a juzgar por la absoluta placidez con que dormía Clay, tal vez Elliot no estuviera del todo loco por pensarlo.

Mientras seguía tumbado, sin hacer caso de las crecientes ganas de orinar, volvió a recordar lo sucedido la noche anterior.

No quería despertar a Clay ni perturbar el que quizá fuera el primer descanso de verdad que disfrutaba en mucho tiempo.

Elliot quería conservar el recuerdo de la incertidumbre que había visto en los ojos de Clay la noche anterior y de cómo se había transformado, de una forma preciosa, en entrega al momento.

Elliot no había decidido acostarse con Clay porque así pudiera mostrarle algo mejor, algo bueno. De verdad había querido estar con él.

Pero quizá, solo quizá, Elliot tenía la oportunidad de mostrarle a Clay algo humano, algo cálido y feliz.

Elliot estaba casi seguro de que Clay nunca había conocido la intimidad con otra persona; bueno, al menos no en años.

El sexo no siempre implicaba intimidad, pero Elliot había sentido la atracción, la chispa, la tormenta entre ambos cuando había penetrado a Clay y había notado cómo su cuerpo se encendía de placer y deseo.

—⁠Se te oye pensar desde aquí —⁠murmuró Clay de pronto.

Elliot rio bajito y estrechó más a Clay con el brazo.

—⁠No sabía que estabas despierto.

—⁠Llevo despierto el tiempo suficiente para saber que me estabas mirando —⁠dijo Clay.

—⁠Me encanta cómo consigues que algo que debería ser romántico y tierno suene siniestro —⁠refunfuñó Elliot.

Clay puso mala cara.

—⁠¿Tierno? ¿Me mirabas para hacerte el tierno?

Elliot se rio entre dientes y besó a Clay en el cuello.

—⁠No, te estaba mirando porque estás muy tierno cuando duermes.

—⁠Ah.

Ahí estaban otra vez la incertidumbre y la cautela.

Elliot supuso que Clay no estaba acostumbrado a que alguien lo conociera y, al mismo tiempo, lo apreciara.

Sí, quizá hubiera matado a más gente que Elliot, pero desde luego no sabía qué demonios hacer cuando caían todas las máscaras.

Resultaba entrañable ver al temible asesino a sueldo sin saber qué decir ni qué hacer a continuación.

—⁠¿Cómo te encuentras? —⁠preguntó Elliot.

Clay se volvió y alzó hacia Elliot aquellos ojos tan llamativos.

—⁠Me gustaría decir que bien.

—⁠¿Te gustaría?

—⁠Bueno, estoy bien, genial incluso. Pero tampoco sé cómo me siento aparte de eso. No llevo muy bien estar confundido.

—⁠¿Estás confundido porque estuvo bien?

Clay sonrió con inseguridad.

—⁠Estuvo bien, muy bien. Y yo debería estar bien. Pero nunca había vivido nada tan… intenso.

Elliot se rio por lo bajo.

—⁠A mí solo me ha pasado un par de veces. Nunca acabas de acostumbrarte. Y no creo que debas.

Clay lo miró con curiosidad.

—⁠¿Y anoche? ¿Para ti también fue así?

Elliot pensó que era evidente, pero tenía que recordar que Clay estaba adentrándose en terreno desconocido.

En lugar de responderle con palabras, Elliot volvió a besar a Clay.

Clay se puso rígido por la sorpresa, pero luego se relajó poco a poco y se dejó llevar por la sensación.

Una oleada de calor se extendió por el vientre de Elliot cuando los labios de Clay se entreabrieron y dejaron que la boca de Elliot se adueñara de la suya, mientras sus lenguas se acariciaban con suavidad.

—⁠Anoche, y ahora también, por lo visto —⁠murmuró Elliot contra sus labios.

—⁠Supongo que esto es una de esas cosas que la gente normal puede tener en su vida, ¿eh? —⁠preguntó Clay.

—⁠A veces sí, y a veces no. Pero sé que, cuando la encuentras, debes intentar conservarla.

—⁠¿Eso es lo que estás haciendo?

—⁠Quiero hacerlo.

Clay parpadeó.

—⁠¿Qué? ¿Conmigo?

Elliot le dedicó una sonrisa dulce.

—⁠Si estás dispuesto a buscarte una vida mejor, a construirla, no me importaría formar parte de ella.

—⁠Incluso con…

Elliot suspiró.

—⁠Mira, hablaba en serio con todo lo que te dije anoche, y también hablo en serio ahora. Creo que tienes una salida y que podemos encontrar la forma de solucionar lo de Anthony sin que tengas que mancharte aún más las manos de sangre.

—⁠Entonces, no matarlo sería mi paso simbólico en una nueva dirección. Pero matarlo… —⁠dijo Clay, dejando la frase en el aire.

—⁠Sería seguir por el mismo camino en el que ya ni siquiera estás seguro de querer continuar —⁠terminó por él Elliot.

—⁠Mmm, sí. Supongo que en eso tienes razón.

Pero Elliot no podía tomar aquella decisión por él. Lo mejor que podía hacer era aconsejar a Clay lo mejor posible y esperar que saliera bien parado.

—⁠¿No deberías estar protegiendo ahora mismo a ese hombre al que tanto defiendes? —⁠preguntó Clay.

Elliot torció el gesto.

—⁠No lo estoy defendiendo. Intento ayudarte. Y no, hoy tengo el turno de tarde. Así que todavía me queda un rato antes de volver a verlo.

Clay soltó un bufido y se apartó con cuidado de Elliot para salir de la cama.

—⁠Imagino que ahora mismo las cosas son bastante… incómodas para ti.

Elliot observó cómo se desperezaba Clay, sin molestarse en disimular su interés.

—⁠Sí, estaba convencido de que me habían pillado cuando su socio me vio en el despacho de Anthony.

Clay lo miró y alzó una ceja.

—⁠¿Su socio te vio descargando archivos?

—⁠No, solo me vio sentado al escritorio. Me inventé una excusa, pero no pareció tragársela. Estaba seguro de que le diría algo a Anthony, pero, cuando me reuní con él, no comentó nada. No tengo ganas de volver a fingir durante toda la jornada, sabiendo lo que hace.

—⁠Mmm, eso no me gusta.

—⁠Sí, a mí tampoco. Es lo que acabo de decir.

Clay negó con la cabeza.

—⁠No, lo que me preocupa es que su socio te sorprendiera allí.

—⁠Supongo que el tipo no lo consideró importante y que yo solo estaba paranoico —⁠dijo Elliot, encogiéndose de hombros.

Clay resopló.

—⁠Cuando tratas con gente como Anthony, más vale ser paranoico que insensato.

—⁠Entonces, ¿qué quieres que haga? —⁠preguntó Elliot.

Clay se quedó pensativo.

—⁠Se trata más bien de… lo que tú querrías que hiciera yo.

Elliot frunció el ceño.

—⁠Preferiría que, de momento, no hicieras gran cosa.

Clay bufó.

—⁠No me refería a ir a por Anthony. Quiero decir que, si vamos a trabajar juntos en esto, probablemente deberíamos unir nuestros recursos. Vuelvo al motel, recojo mis cosas y lo traigo todo aquí. Así estará todo en el mismo sitio, nosotros incluidos, y podremos cubrirnos las espaldas.

Elliot se incorporó.

—⁠¿Quieres quedarte aquí conmigo?

Clay parpadeó.

—⁠Es lo más sensato y probablemente lo más seguro para los dos.

—⁠¿Solo por eso? —⁠preguntó Elliot.

Las mejillas de Clay se tiñeron levemente de rojo.

—⁠Si estás intentando que diga que quiero quedarme aquí contigo precisamente porque eres tú, entonces… vale, lo estás consiguiendo. Sí, quiero pasar más tiempo contigo.

Elliot sonrió de oreja a oreja, alargó la mano y lo agarró.

Clay abrió mucho los ojos cuando Elliot lo atrajo de un tirón hacia su pecho y lo besó con ganas.

Esta vez, Clay no se tensó, sino que se derritió en el beso.

Sus dedos acariciaron el pelo muy corto de Elliot y descendieron con avidez por su espalda.

—⁠¿Qué te parece si tú y yo pasamos un poco más de tiempo juntos y después vamos los dos a recoger tus cosas? —⁠propuso Elliot, mientras deslizaba una mano hasta el culo desnudo de Clay para acariciarlo y apretarlo.

Clay se mordió el labio inferior.

—⁠Recuerdo perfectamente que me dijiste que no me partirías en dos a menos que te lo pidiera por favor.

La entrepierna de Elliot reaccionó.

—⁠Eso dije.

—⁠Pues ahora te lo pido oficialmente y por favor.

Elliot soltó una risa grave y atrajo del todo a Clay a la cama.

—⁠Eso tiene arreglo.

* * *

Ver a Clay cambiar de postura y retorcerse en el asiento del copiloto dejó una sonrisa burlona instalada en el rostro de Elliot.

Intentó esquivar los peores baches y desniveles de la carretera, pero no pareció servir de mucho.

Durante casi todo el trayecto, Clay siguió removiéndose hasta que acabó apoyándose con fuerza contra la puerta.

Clay lo miró de reojo y descubrió su sonrisita.

—⁠¿A qué viene esa cara de satisfacción?

—⁠Parece que alguien ha recibido más de lo que esperaba —⁠dijo Elliot.

Clay soltó una risa burlona.

—⁠Venga, por favor. Los he tenido más duros.

—⁠No sé si debería sentirme ofendido o aliviado —⁠dijo Elliot al doblar la esquina.

Clay miró por la ventanilla, sonriendo.

—⁠He dicho más duros, no mejores.

—⁠Entonces me quedo aliviado y encantado.

Clay seguía sonriendo cuando señaló un edificio.

—⁠Ahí. Habitación 122.

Elliot entró en el aparcamiento y se rio por lo bajo al ver que Clay hacía una mueca cuando el coche dio otro bote.

Clay le lanzó una mirada fulminante, pero no dijo nada mientras aparcaban frente a la habitación.

No era la mejor zona de la ciudad ni el motel más agradable.

Constaba de varios edificios de cuatro habitaciones cada uno, separados por callejones donde crecía hierba rala.

Elliot estaba bastante seguro de que, entre los dos, no tendrían problemas, pero aun así permanecería atento por si aparecía alguno.

—⁠No tardaré más que unos minutos —⁠le dijo Clay mientras abría la puerta.

—⁠¿No quieres que entre? —⁠preguntó Elliot.

—⁠Bah, no tiene mucho sentido. Además, tengo que hacer una llamada.

—⁠¿Una llamada?

Clay lo miró con suspicacia.

—⁠No pongas esa voz de desconfianza. Voy a llamar a mi enlace.

—⁠¿Tienes un enlace? —⁠preguntó Elliot, sorprendido.

Clay se encogió de hombros.

—⁠Ella me consigue los encargos y la información. Tengo que darle largas unos días más mientras tú y yo decidimos qué hacer.

—⁠¿Es tu forma de decirme que estás considerando no matarlo? —⁠preguntó Elliot.

Clay sonrió.

—⁠Significa que me lo estoy planteando muy en serio. Pero también que tengo que asegurarme de que no sospeche más de lo que ya sospecha. Ya se pregunta por qué estoy tardando tanto.

—⁠Está bien, ve a hacer tu llamada. Yo esperaré aquí como un buen chófer —⁠bromeó Elliot.

Clay puso los ojos en blanco y cerró la puerta del coche.

Elliot lo observó acercarse a paso ligero a la habitación, abrir la cerradura y entrar.

Con Clay ya dentro, Elliot no podía ver nada más que las ventanas cubiertas por las cortinas.

Supuso que cualquier otro se preocuparía por lo que pudiera estar tramando Clay, pero Elliot ya había decidido confiar plenamente en Clay.

Quizá fuera una insensatez, pero prefería arriesgarse a tener razón.

Había muchas esperanzas para Clay, quisiera admitirlo o no.

Elliot había visto indicios en los pequeños detalles: en lo tímido que se mostraba Clay cuando alguien le decía algo sinceramente amable y en su disposición a explorar otra opción respecto a Anthony.

Quizá Clay se creyera demasiado perdido para que nadie pudiera recuperarlo, pero Elliot estaba bastante seguro de que algunos de los recuerdos felices de su infancia, en particular los de la amable señora que vivía al otro lado del pasillo, habían dejado una huella más profunda de lo que Clay pensaba.

Y tal vez ella hubiera dejado una luz en el corazón de Clay que Elliot podría ayudar a avivar.

Permaneció sentado al volante, sonriendo como un idiota, con la esperanza de que los dos fueran por buen camino.

La sonrisa se le borró cuando captó un movimiento por el retrovisor.

Un chaval, un adolescente, para ser exactos, estaba agazapado junto a una furgoneta destartalada aparcada al otro lado del aparcamiento.

El chico miraba a su alrededor con nerviosismo y, de vez en cuando, agitaba los brazos para llamar la atención de Elliot.

Un mal presentimiento se apoderó de Elliot.

Echó un vistazo por el aparcamiento y no vio a nadie más al acecho.

Eso no significaba que no hubiera otras personas.

Armándose de valor, abrió la puerta del conductor y cruzó el aparcamiento a grandes zancadas.

Elliot se aseguró de no pasar entre la furgoneta y el muro junto al que estaba aparcada.

—⁠¿Necesitas algo? —⁠preguntó Elliot.

Los ojos del chico iban de un lado a otro.

—⁠Tienes que largarte de aquí, rápido. Lo digo en serio.

Elliot levantó las manos.

—⁠Espera, tranquilízate. ¿Cómo te llamas?

—⁠Tyler. Tienes que largarte de aquí, rápido. Sácalo de ahí.

—⁠¿Clay? —⁠preguntó Elliot.

—⁠Antes había un par de tipos ahí dentro. Tenían pinta de ir en serio.

A Elliot se le encogió el corazón.

—⁠¿Qué estaban haciendo?

Tyler negó con la cabeza.

—⁠No lo sé. Entraron, estuvieron dentro un ratito y volvieron a salir. Ni idea de adónde fueron después.

Mierda.

Elliot hizo un gesto brusco con la cabeza.

—⁠Lárgate de aquí. Creo que esto está a punto de ponerse feo.

Al adolescente no hizo falta repetírselo. Se escabulló a toda prisa, saltó el muro y desapareció de la vista. Elliot volvió a mirar a su alrededor en busca de alguien, de cualquiera que se acercara.

Retrocedió y se volvió hacia la habitación justo a tiempo para ver cómo las ventanas de la fachada y la puerta saltaban por los aires.

Elliot apenas tuvo tiempo de asimilar lo ocurrido antes de que la onda expansiva lo alcanzara y lo estrellara contra la parte delantera de la furgoneta destartalada.

El aire se le escapó de los pulmones y una oleada de dolor lo atravesó.

No recordaba haber caído al suelo, pero allí estaba, mirando fijamente el asfalto sucio.

Elliot consiguió levantar la cabeza y contempló la habitación envuelta en llamas.

—⁠Clay —⁠graznó, incapaz de creer lo que veía.

Sintió que algo se acercaba por las vibraciones del asfalto.

Un vehículo grande se detuvo a unos pocos metros de él.

Se abrió una puerta y unas botas pisaron el aparcamiento.

Elliot intentó alzar la vista hacia el rostro del hombre que lo miraba desde arriba, pero no lograba entender lo que decían.

Ojalá hubiera aprendido a leer los labios, pensó mientras el hombre hablaba con alguien a su espalda.

Elliot no sabía quién era aquel hombre, pero se imaginaba para quién trabajaba. Habían venido a matarlo, igual que habían matado a Clay. Antes de que Elliot pudiera hacer nada, el hombre levantó una bota y la descargó sobre el rostro de Elliot. Todo pensamiento se apagó.