¿Qué ocurre cuando el mayor monstruo no vive bajo la cama, sino detrás de una sonrisa, un apellido, una religión o un discurso de bondad?

Vivimos en un mundo donde la maldad suele ocultarse bajo el poder, el prestigio y las apariencias. Donde el dolor se anestesia con alcohol, fiestas, lujos y falsas promesas, mientras las heridas más profundas permanecen en silencio.

Pero también existen cicatrices que dejan de sangrar. Heridas que, a través del arte, la música, los libros y el conocimiento, dejan de ser una condena para convertirse en libertad.

"Los monstruos también merecen ser amados"

es una novela que desdibuja la frontera entre el bien y el mal y plantea una pregunta que permanece mucho después de cerrar sus páginas:

¿Qué hacemos con aquello que un día nos rompió?

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