La primera norma del paripé lo deja claro: esto no es real.
Marc Císcar lo tiene todo bajo control. El expediente perfecto, el apellido que pesa en media Valencia, la familia que no perdona un fracaso a la vista.
Por eso, cuando su prima anuncia la boda y su madre le recuerda que lleve al novio del que presumió para que dejaran de mirarlo con lástima, Marc solo tiene un problema: ese novio no existe.
Se lo inventó él. Y la boda es en cinco semanas.
Rubén Sanchis lo tiene todo en contra. Una beca pendiente de un hilo, el taller de fallas de su padre ahogado en deudas y un orgullo que no le deja aceptarle un favor a nadie, y menos a un Císcar.
Rubén y Marc llevan desde primero de Arquitectura sacándose de quicio.
Son, el uno para el otro, lo peor de la clase.
Así que cuando Marc se planta una noche en el taller con la propuesta más absurda del mundo —fíngete mi novio hasta que acaben las Fallas y te pago—, los dos saben que va a salir mal. Firman las normas del paripé en un cartón. La número uno no deja lugar a dudas: nada de esto cuenta.
Pero entre una boda que hay que sobrevivir, un ex que no sabe callarse, noches de serrín y cola en la nave, una mascletà que no deja oír los propios pensamientos y una cremà que lo prende todo, las normas empiezan a arder una a una.
Y cuando descubres que la persona a la que llevabas años odiando es la única delante de la que puedes derrumbarte, ya es tarde para acordarse de que era mentira.
Marc tendrá que dejar de fingir que lo controla todo. Rubén, aprender a que le tiendan una mano sin sentir que lo pagará el resto de su vida.
Y los dos tendrán que decidir qué salvan del fuego antes de que no quede nada.






