«Leyéndolo, tuve la sensación de que Tomás González es un escritor de mucha pureza». Elfriede Jelinek

A los sesenta y siete años, Esteban cree que ha llegado el momento de alejarse de todos y retirarse del mundo.

Abandona entonces la ciudad y se instala en una vieja casa donde espera dedicar los días que le quedan a diseñar un jardín salvaje y perfecto, y a escuchar el silencio. Pero ese silencio nunca estará vacío.

Entre árboles, piedras, lluvias, animales, vecinos indómitos, deseos tardíos y noches de insomnio, irá descubriendo que la naturaleza no ofrece respuestas ni consuelo fácil, sino algo mucho más hondo:

la conciencia de formar parte de una belleza esquiva e inmensa, cambiante y pasajera.

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