Dicen que soy la viuda más rica de Londres, y la única a la que ningún hombre ha conseguido tocar. No se equivocan. Llevo años ganando cada partida sin despeinarme.

Por eso, cuando el Diablo de Vaughan apuesta que me seducirá antes de que acabe la temporada, sonrío detrás del abanico. Lo que él no sabe es quién deslizó esa apuesta en su oído. Ni por qué.

He tendido la trampa perfecta. La he forrado de terciopelo para que la caída sea dulce. Solo que mi plan tiene un fallo, uno que no vi venir… y que va a costarme mucho más que una partida.

Él apostó que la seduciría. No sabía que la trampa la había tendido ella… ni que iban a caer los dos.

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