Elisa recuerda a Marta. La nueva vecina del 803.

Recuerda su olor a jazmín, una cicatriz en el antebrazo izquierdo, una taza verde en la cocina y una puerta al fondo que no debía abrirse.

Diecisiete años después, tras la muerte de su madre, Elisa vuelve al 802 para ordenar papeles, llaves y todo lo que ha quedado pendiente. Al otro lado del rellano está el 803, un apartamento vacío que acaba de venderse y donde todavía hay unas cajas que su madre debía retirar.

Entonces Elisa descubre algo que no encaja.

Los registros del edificio dicen que, en la época en que ella recuerda a Marta viviendo allí, el 803 estaba desocupado.

A partir de ese momento, cada comprobación abre una grieta distinta.

Algunas certezas desaparecen. Otras se vuelven todavía más difíciles de explicar.

Y cuanto más intenta reconstruir aquellas semanas de su adolescencia, menos claro resulta qué pertenece a los hechos, qué nació de una mentira antigua y qué terminó completando su propia memoria.

Porque Elisa puede estar equivocada sobre el apartamento.

Pero hay detalles que recuerda demasiado bien.

La mujer del 803 es un thriller psicológico íntimo y de tensión creciente sobre memoria, identidad, secretos familiares y la inquietante facilidad con la que una explicación provisional puede convertirse en una verdad durante años.

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