Phoebe Harris tiene veinticuatro años, una carrera prometedora como abogada junior especializada en divorcios y un objetivo muy claro: llegar a lo más alto.
El amor no forma parte de sus planes. Después de crecer con unos padres divorciados y dedicar su carrera a representar a personas que quieren poner fin a sus matrimonios, Phoebe tiene muy claro que el amor eterno es una bonita mentira en la que ella no piensa caer.
Hasta que un escape room en una mansión del campo inglés la arranca de su vida en 2026 y la lleva hasta la Inglaterra de 1815.
Allí, todos la confunden con lady Phoebe Pembroke, una joven tímida y soltera con la que comparte físico, pero que no se parece a ella en nada más.
Allí conoce a lord Adrian Whitmore: un conde huraño, distante y empeñado en no casarse jamás.
No por capricho, sino porque arrastra una maldición que le impide hacerlo.
Ella no cree en el matrimonio. Él está convencido de que el amor, en sus manos, solo hace daño.
Pero el destino está a punto de demostrarles que ambos se equivocan.







