Una saga de doble época ambientada en el Pirineo aragonés, para lectoras de novela histórica española con historia de amor, secretos de familia y mujeres que sostienen una casa.

La Segunda República acaba de llegar y a Valdebruna llega otra cosa: la brigada que va a construir el embalse.

Adela Buisán, hija de los fondistas, se enamora del hombre cuyo trabajo es medir lo que se va a perder.

El pueblo se parte en dos, los que quieren el jornal de siete pesetas y los que no, y la fonda de sus padres, que gana dinero como nunca, se queda del lado que gana.

Cuando llegue la guerra, a Adela le van a poner delante una elección que no se puede hacer, y va a pagarla durante sesenta años.

Raquel Solans documenta ruinas antes de que las destruyan. Es lo único que ha hecho en doce años y nunca ha conservado nada. Baja al vaso vacío del embalse de la Vellosa con un contrato de cuatro meses y sale de allí con el apellido de su familia dentro de un expediente.

Lo que vas a encontrar dentro: dos líneas temporales que se leen sin perderse nunca, una protagonista exacta y nada dulce, un pueblo real hasta el último escalón gastado, la España de las expropiaciones y de los avales contada desde una cocina y no desde un despacho,

un secreto de clase enterrado que tarda ochenta y siete años en salir, y un final que no se parece a los de este género.

Si te gustan las novelas de casas grandes y pueblos que ya no existen, las sagas de mujeres con oficio dentro de la Historia y los libros en los que un documento antiguo pesa más que un disparo, esta es tu novela.

Novela histórica romántica autoconclusiva. Sin cliffhanger y sin segunda parte. Romance sensual y contenido.

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