Cuando eran jóvenes, Phoebe Valewood y Lucian Penrose se conocían tan bien que su amistad se convirtió en algo incomparable. Ninguno de ellos dijo jamás qué era lo que los unía, pero ambos lo sabían.
Entonces llegó la separación.
Lucian partió con su abuelo en una expedición botánica por las montañas de Sikkim. Se despidieron creyendo que volverían a verse y que el tiempo no cambiaría demasiado las cosas.
Se equivocaron.
Cuando Lucian regresó, ambos mundos habían cambiado. Entre la muerte del padre de Phoebe y las dificultades que habían recaído sobre la familia de Lucian, ninguno de ellos seguía siendo el niño o la niña que se había marchado. Se reencontraron, pero esta vez no supieron reconocerse.
Hubo distancia, orgullo, silencio y palabras que llegaron demasiado tarde. Lo que una vez había existido entre ellos se convirtió en una herida que cada uno entendía de manera distinta. Se separaron de nuevo sin comprender del todo lo que habían perdido.
Pasaron los años.
Ahora Phoebe necesita un favor y no tiene idea a quién pedírselo.
Ha leído los artículos de un escritor que publica bajo seudónimo y descubre que el hombre detrás de esas páginas podría ayudarla a publicar un anuncio sobre una casa que necesita encontrar.
Cuando descubre quién está detrás de los artículos, se ve obligada a recurrir a Lucian.
Su reencuentro comienza bajo un pretexto casi inocente.
Pueden convencerse de que no fueron más que amigos.
De hecho, es lo que ambos intentan creer.
Pero ninguno tarda mucho en darse cuenta de que su amistad siempre había ocultado algo más. Algo que no habían podido nombrar cuando eran jóvenes, y algo que no desapareció cuando se separaron.
El favor que los vuelve a unir terminará por obligarlos a mirar hacia el pasado.
No para recuperarlo, sino para descubrir por qué lo perdieron.
Y mientras intentan reconstruir su historia desde dos memorias distintas, empezarán a entender que quizás ninguno de los dos abandonó verdaderamente 






