Doce días. Un plan escrito antes de que ella llegara. Una hija que puede perder.
Cristina ingresa por su propio pie en Santa Vela, una clínica psiquiátrica privada.
Viene del peor momento de su vida, una noche que no recuerda entera y en la que su hija de seis años estaba en casa.
Está enferma de verdad y quiere curarse antes de la vista en la que un juez decidirá con quién vive Nora.
La primera noche, una desconocida entra en su habitación, le deja una hoja sobre la cama y se la llevan dos celadores. En la hoja hay una sola línea, fechada el día 7:
Resultado esperado: la paciente agrede a una compañera en el comedor.
Cristina no ha pegado a nadie en su vida.
Después aparecen las demás hojas. Un plan de observación, escrito antes de su ingreso, que dice qué le van a hacer cada día y qué va a hacer ella. Las otras pacientes lo llaman «el horóscopo». Y el horóscopo acierta.
Si se rebela, cumple la predicción. Si obedece, también. Cada línea que se cumple acaba en su historia clínica, y su historia clínica acabará en el juzgado. Cuatro compañeras lo escuchan cada mañana en la sala común. Una de ellas aparece en él.
El plan termina el día 12. La vista es el día 13.
Un thriller psicológico sobre una clínica que no inventa nada: solo provoca y elige las palabras. Sobre la culpa, la maternidad y lo que cuesta que te crean cuando estás enferma de verdad.
Cada frase del plan, sola, parece un cuidado. Juntas son una trampa.






