Estaba por cumplir quince años y ya sabía bastante de mudanzas. Lo que no sabía era que una casa podía guardar recuerdos.
Cuando su padre compró una antigua casa, casi devorada por las plantas, él imagina que sus vacaciones estarán condenadas a cajas, pintura, reparaciones y a convertirse, una vez más, en el asistente oficial de su padre.
Entonces encuentra una puerta escondida.
Detrás hay una habitación que lleva décadas cerrada, juguetes olvidados, dibujos infantiles y un nombre que comienza a aparecer por todas partes: Lucas.
Poco después ve a un niño corriendo por el jardín junto a una mujer que no debería estar allí. La luz que los rodea pertenece a otra hora, quizá a otro tiempo. Y lo más inquietante no es que él pueda verlos.
Es que ella también parece verlo a él.
Mientras intenta descubrir quién fue Lucas, la casa empieza a mostrar fragmentos de una historia que se resiste a desaparecer.
Viejas fotografías, objetos conservados durante décadas y los recuerdos de don Santiago, un vecino con una relación mucho más profunda con la casa de lo que parece, irán acercándolo a una verdad inesperada.
Pero La Casa de Lucas no es una historia de fantasmas.
Es una historia sobre la memoria, la familia, el paso del tiempo y esas pequeñas cosas que terminan sobreviviéndonos.
Una novela de misterio sobrenatural, humor y nostalgia sobre un verano en el que un muchacho descubrirá que algunas casas no están embrujadas.
Simplemente recuerdan.






