Soy Sheila García, o eso dice mi documento de identidad. Me crie entre monjas, rezos y normas que aprendí a romper perfeccionando mi cara de santa. Ser huérfana nunca me importó, hasta que descubrí que mi madre me entregó para esconderme de la Yakuza.
Años después, en una fiesta reconocí al hombre que debió casarse con ella. Lo seguí, pero terminé secuestrada. De aquello no solo salí con cicatrices, sino con una meta: descubrir quién soy.
Mi única pista tiene mirada de depredador y una sonrisa que promete placer y muerte a partes iguales. Me acercaré a Kuni Takeshi, el ejecutor de la Yakuza, para obtener respuestas, aunque jugar con el enemigo sea tan adictivo como letal.
Dicen que las geishas dominaban el arte de la seducción y la paciencia.
Yo solo domino la ironía, y quizá sea eso lo que Takeshi no vea venir. Después de todo, ¿qué tan difícil puede ser convertirse en una geisha?






