NOTICIAS DE SOCIEDAD

Esta columnista no ha olvidado que, durante la pasada temporada, lady B. L. logró sustraerse, contra todo pronóstico, a un destino que muchos daban ya por resuelto ante el altar.

Tal feliz aplazamiento, celebrado por unos como prudencia y atribuido por otros a mero capricho, no parece, sin embargo, haber puesto fin a las inquietudes de su notorio padre.

Voces difícilmente desmentibles aseguran que dicho caballero, cuya constancia en materias paternas solo se aviva cuando median la conveniencia y el interés,

habría entablado discretas negociaciones con cierto marqués de brillante presencia y reputación tan comentada como su reciente propósito de abandonar, por fin, las ligerezas de la soltería para sentar la cabeza.

Si el acuerdo llegara a confirmarse, no pocos salones hallarían nuevo entretenimiento en conjeturar si una joven que ya escapó una vez de un matrimonio impuesto estará dispuesta a correr igual fortuna por segunda vez…

sobre todo cuando el pretendiente en cuestión parece reunir, con alarmante perfección, todas las cualidades que una madre sensata desearía para su hija y todas las que una muchacha prudente haría bien en observar con cautela.

La Pluma Indiscreta.

Lady Beatrice Loxley, hija de un viudo encantador e irresponsable, ha crecido viendo cómo la alegría de su madre se apagaba al lado de un hombre incapaz de amar a nadie más que a sí mismo.

Por eso, cuando los rumores empiezan a señalarla como la próxima elegida de un aristócrata tan brillante como conveniente, Beatrice comprende que su tregua ha terminado.

Todo Londres parece encantado con la idea de ese enlace.

Su padre también. Al fin y al cabo, ese caballero reúne cuanto la buena sociedad considera deseable en un esposo: fortuna, encanto y una repentina determinación de sentar la cabeza.

Pero Beatrice no piensa entregar su vida a un hombre solo porque sepa sonreír mejor que nadie y despertar suspiros a su paso.

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