No buscaban nada.

Sergio va al mar porque en noviembre no hay nadie. Maria va porque no sabe a dónde ir. Él lleva un termo de café amargo. Ella lleva el silencio de quien acaba de dejar de creer que las cosas pueden cambiar.

No se gustan al principio. No se gustan en absoluto. Pero el café está caliente, y el mar es grande, y durante una hora ninguno de los dos está solo.

El sol de noviembre es la historia de dos personas que habían dejado de esperar algo — y que, por casualidad, encontraron a alguien dispuesto a esperar con ellos.

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