Mi padre ha muerto, mi clan ha sido derrotado y yo he sido entregada como rehén al heredero del hombre que nos venció.
Cathal Kinloch debería ser mi enemigo, pero me ofrece un matrimonio capaz de proteger a mis hermanas y salvar lo que queda de mis tierras. Acepto por ellas, convencida de que podré soportar cualquier cosa excepto descubrir que mi nuevo esposo no pretende doblegarme.
Cathal puede exigir la obediencia de todo un clan. A mí, en cambio, se niega incluso a tocarme hasta que sea yo quien lo desee.
El verdadero peligro comienza cuando dejo de temer que lo haga y empiezo a desear que pierda el control.
Sobrevivir a mi enemigo será fácil. Lo difícil será no enamorarme de mi marido.






