El Pirineo guarda sus muertos en silencio. Hasta que alguien vuelve a preguntar.

Treinta años atrás, el guardabosques Julián Ferrer murió en su propia cabaña, en el corazón de Serralta, un pueblo del Pirineo donde el aislamiento ha escrito sus propias leyes.

La versión oficial habló de un accidente: una caída torpe sobre su propio hocino.

Pero la herida cuenta otra historia, una que alguien se encargó de que nadie llegara a leer.

La inspectora Inés Vega vuelve a Serralta huyendo de un caso que la persigue desde Barcelona, buscando el refugio de su pueblo natal y de la tía que la crió con cariño.

Lo que encuentra en su lugar es una promesa de paz que se resquebraja: Julián era su tío, y el accidente nunca lo fue.

Cuanto más tira del hilo, más comprende que el silencio de Serralta se sostiene, día tras día, por decisión de alguien.

Entre sospechosos con demasiado que perder, secretos de familia que llevan enterrados tanto tiempo como el propio crimen, y una investigación paralela que empieza a rozar el pasado de formas que nadie esperaba,

Inés deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar cuando la justicia legal y la justicia moral dejan de significar lo mismo.

Hay secretos que permanecen ocultos hasta que la verdad reclama su sangre.

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