Sebastian Atherwick ha heredado un ducado que jamás quiso. Su madre quiere verlo casado. Su abogado quiere firmas. Su administrador quiere decisiones. Bastian solo quiere tres días de tranquilidad lejos de Londres.

No consigue llegar más allá de un camino de Oxfordshire.

El carruaje de la señorita Amelia Hartwell ha sido saboteado, su cochero ha desaparecido y unos desconocidos se están llevando un baúl que contiene los estudios sobre antigüedades de su difunto padre.

Bastian se ofrece a ayudarla sin mencionar que el «señor Atherwick» es en realidad el duque de Rothermere.

Amelia lo considera irritante, poco serio y demasiado entusiasmado ante la perspectiva de meterse en problemas.

Los documentos robados los llevan desde una posada de una pequeña localidad hasta testigos aterrorizados, registros parroquiales desaparecidos, un antiguo mojón y un respetado baronet decidido a mantener enterrado el pasado de su familia.

Lo que comenzó como un entretenimiento para Bastian se vuelve imposible de tomar a la ligera cuando el secreto amenaza a todo un pueblo—y a la propia Amelia.

Para recuperar las pruebas, Bastian quizá tenga que recurrir al título que lleva meses evitando. También tendrá que convencer a Amelia de que, bajo las bromas, las evasivas y los pésimos planes, hay un hombre digno de su confianza.

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