Siempre me gustaron las historias de piratas.
Escuché que eran capaces de cruzar los siete mares con tal de encontrar su tesoro. O que las sirenas se enamoraban de ellos, besaban sus brújulas y así estas, en lugar de señalar al norte, indicaban su dirección para que pudieran encontrarse.
Todas esas historias me parecían preciosas… hasta que lo conocí a él.
Lucien Hale, un jugador de hockey implacable, pero también, un pirata depravado, sádico y cruel… que me ha marcado como su único objetivo.
Dice que soy su tesoro, y que, por tanto, le pertenezco.
No necesitó un mapa o un catalejo para encontrarme. Lo hizo cuando estaba en mi momento más vulnerable, tal depredador capaz de oler el temor y la debilidad en su presa, y entró en mi vida formando un motín.
Intenté huir, llorar, esconderme, incluso supliqué para que me dejara marchar, pero los piratas como él, saqueadores sin remordimientos, son capaces de ultrajar y poseer toda la belleza que encuentran a su paso.
¡No me dio ninguna opción!
¿Y lo peor de todo?
Siempre sabe cómo encontrarme, cuál es mi punto débil y cómo utilizarlo a su favor.
Lucien no lleva años buscando el norte, me buscaba a mí y, ahora que me ha encontrado, sé que no me dejará escapar.







