Dulce Obsesión (Sangre bajo el hielo 3) CAPÍTULO 47
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CAPÍTULO 47

A veces tu norte es una persona.

Toronto, noviembre.

El frío de la pista se siente diferente cuando hay tanto en juego. No es el hielo habitual, ¡es una olla a presión! Estamos en noviembre, somos los primeros de la división y ya siento los playoffs y el sueño de la Stanley Cup flotando en el ambiente como un fantasma que todos queremos tocar.

A este equipo nunca le había ido tan bien, y yo nunca había estado tan destrozado, pero eso es lo que me impulsa, el dolor, prefiero sentir el físico al emocional, y eso lo consigo al machacar todo lo que se mueve con un color contrario y dejándome la piel en la pista.

Quedan menos de dos minutos del tercer periodo. Vamos ganando por un solo gol y ellos acaban de sacar a su portero para meter a un sexto patinador. Están desesperados, se asfixian en su propia zona.

El disco viaja rápido, como un destello negro que cruza de un lado a otro de la línea azul. Mi respiración es pesada y el sudor me escuece en los ojos debajo de la visera, pero mis piernas se mueven solas.

La memoria muscular toma el control.

«No pasas, hijo de puta. Por aquí no» . Ese es el mantra que se repite en mi cabeza con cada zancada.

El extremo derecho de ellos, un tipo asqueroso y rápido como una bala que lleva toda la noche intentando tocarme la moral, recibe el pase.

Veo el sutil cambio de peso en sus patines.

Va a intentar recortar hacia el centro para buscar el ángulo de tiro.

Fijo la mirada en su pecho, no en el disco —el disco miente, el cuerpo no—.

Doy un paso hacia atrás, pivoto sobre el hielo con un crujido seco.

En el momento exacto en que intenta el amago, cierro el espacio.

El impacto es colosal. Le meto el hombro con todo el peso de mi cuerpo, un hit limpio y demoledor que lo estampa contra la valla.

El estruendo del metacrilato resuena en todo el pabellón y la grada estalla.

El tipo cae, pero el disco queda suelto en el círculo de facioff .

Otro rival se lanza a por él como un lobo.

No me da tiempo a posicionar el stick, así que me tiro de cabeza al hielo, barro literalmente la zona con el cuerpo para bloquear la línea de pase.

El disco choca contra mis protecciones con un golpe seco que me deja sin aire, pero logro amortiguarlo.

Desde el suelo, con la vista nublada por el esfuerzo, estiro el brazo y le doy un toque con la punta del stick. El pase sale directo, limpio, supera la presión de su defensa y conecta con nuestro delantero derecho en la línea neutral.

Declan solo tiene que patinar y empujarla a la red vacía.

El claxon anuncia el gol que sentencia el partido. Me levanto del hielo mientras mis compañeros se lanzan sobre mí antes de ir a celebrarlo. La adrenalina me quema en las venas. Los playoffs van a ser nuestros esta temporada.

—¡Menuda locura de jugada, tío! —grita Sterling, que fue quien recibió el pase, pero no sé si quien anotó, y me zarandea los hombros.

Ha sido una locura, sí, pero lo es mucho más que esto nos esté pasando. Hubo un día en el que solo lo soñábamos y ahora estamos aquí, todos en el mismo equipo consiguiendo un sueño juntos.

—¡Vamos a por los playoff !

Logan choca el puño con el mío y lucho por sonreír. De repente, en medio de la locura de la celebración de mis compañeros, una nube de hielo me corta la visión y, cuando se disipa, Declan está detrás de ella.

—Buena jugada. —Asiento e intento continuar—. Ven esta noche a la mansión para celebrarlo.

¿He oído mal? Es decir, Gideon me habla, Kirian también y Sterling lo hace a medias —solo bromas e ironías—, pero ¿Declan? La única razón por la que ni siquiera le he pedido que me perdone es porque sé que no lo hará y que no lo merezco.

—No creo que sea una buena idea.

—No ha sido una pregunta.

—No estoy para celebraciones, Declan —le recuerdo—, y no lo estaré nunca.

—Vale, pero luego no digas que no te invité.

No pensaba hacerlo, menudo gilipollas.

—No me vendría mal que fueras. —Logan patina a mi lado y lo miro de reojo—. Sabes que no pertenezco a su grupito, me siento fuera de lugar, pero contigo es diferente.

—Como me confieses que estás enamorado de mí, te degollo con la cuchilla del patín y finjo que fue un accidente.

Se ríe a carcajadas, pero luego se pone serio.

—En serio, Lucien, por favor. No te cuesta nada.

Me cuesta muchísimo, solo que él no lo sabe, nadie lo hace, en realidad.

No solo tengo que ir a la casa que una vez fue mía a celebrar un avance que siempre soñé con los amigos que perdí, si no que tengo que ver como me miran con desconfianza y recelo, o con superioridad, porque saben dónde se encuentra un tesoro que creen que ya doy por perdido.

—¿En serio quieres que vaya? Sabes lo que le hice a tu prima, ¿no? Seguro que no quiere ni verme.

—Y no quiere —responde Logan—, pero le interesa que tú y Sterling podáis arreglar las cosas.

—¿Por qué?

—No lo sé, dijo algo sobre que se acerca un momento importante y que ojalá alguien pudiera volver y todo regresase a la normalidad por el bien de Briella y Martina.

¿Alguien pudiera volver? Seguro que se refiere a Zoey, quizá pueda obtener algo de información sobre ella.

—Iré. No me ruegues más o te confundirán con una puck bunny.