CAPÍTULO 48
Hasta el más cruel de los piratas abandona su barco por el tesoro que quiere.
Toronto, noviembre.
La casa sigue igual que la última vez que la vi, pero se me hace muy extraño verla repleta de gente.
Todos los jugadores del equipo y sus parejas están aquí, todos celebran la victoria y que nos posicionamos los primeros de la división, y que, al fin, después de cinco años como titulares, estamos llevando este equipo a los playoff como claro favorito para hacerse con la copa Stanley.
Me gusta que me hayan invitado, pero se siente como una mierda ser un visitante en tu propia casa.
—Esa hija de puta se va a cagar —farfulla Logan mientras lo esquivo con la mirada en el móvil. A su lado, una rubia a la que ni siquiera mira, y, sin pretenderlo, veo que envía a Briella lo que parece un certificado de confidencialidad.
No sé que se trae este idiota con Briella, pero disfruta tocándole los ovarios una barbaridad.
Rodeo el salón y me dirijo a la cocina. Abro el frigorífico y me sorprende ver que aún hay de mis birras favoritas. Cojo una lata, bebo un sorbo y, al darme la vuelta, unos ojos azules enfadados me diseccionan de arriba a abajo.
—Si quieres que me vaya, lo haré. —Maddox frunce el ceño, como si eso la pillara por sorpresa.
—¿Por qué? Normalmente disfrutas al incomodar a la gente.
—Créeme, ya no disfruto de nada. De hecho, no sé qué demonios hago aquí.
—Te hemos invitado. —Gideon hace acto de presencia, y Taylor y Kirian no tardan en acompañarlo.
—¡Que no estoy en horario de trabajo! —grita Briella, que viene como una bala en dirección al frigorífico mientras Logan la sigue con la mano en la cintura de la rubia y, al verme, se detiene en seco—. Oh, genial, lo que me faltaba.
—¡¿Dónde cojones está mi florecilla?! —Sterling es el siguiente en aparecer. Joder, si es que casi parece una reunión de antiguos alumnos.
—Estoy aquí, cariño. —Maddox levanta la mano y Sterling la rodea con los brazos cuando llega a su encuentro.
Me pilla mirando y ni siquiera aparto los ojos para recibir la bala que me lanzará a continuación. Lo veo en su cara.
—Ni te acerques a mi florecilla.
—No pretendía. De hecho, me voy.
—Aún no acaba la fiesta, Lucien.
Declan y Martina.
—Perfecto, ya estáis todos, podéis celebrar entre vosotros.
—¿Podemos hablar?
El mundo se detiene para mí, y duele, pero, por un momento, tengo esperanza.
—No es que me importe una mierda, pero, si es lo que quieres, puedes decirme por qué hiciste lo que hiciste —sentencia Declan.
Puede que no le importe una mierda, pero, a mí, con que lo sepa, me vale.
Cuento toda mi versión de la historia, todo, desde la forma en la que conocí a Zoey, hasta el chantaje de Helena con su foto.
Lo mucho que deseaba encontrarla, lo desequilibrado que estaba al no tomar la medicación.
Toda mi verdad, mi razón, con el puto corazón en la mano.
Incluso se me rompe la voz al reconocer que solo permití aquello porque pensé que Declan nunca se enteraría, que nunca tendría que lidiar con ese peso, y que ese es uno de los motivos por los que no sentí remordimiento a la hora de quitarnos a Maddox de encima.
Si ella se largaba, no solo mis amigos seguían unidos, si no que me vengaba un poco de ella por hacer que Declan viera esos vídeos y fuera consciente de lo que le pasaba.
—Hasta ahora nunca pensé que hacer lo que hice a Maddox había estado mal, ni a Martina.
Para mí solo erais importantes vosotros y, a pesar de que me moría por encontrar a Zoey, el amor que sentía por ella no había evolucionado hacia algo más allá de un amor fraternal, por lo cual, no os entendía.
—Suspiro y, a pesar de que siento todas las miradas sobre mí, no me importa una mierda, porque no me hace sentir más pesado, si no mucho más ligero—.
Ahora entiendo lo que sentís por ellas, y sé que lo que hice no tiene ningún perdón, joder, y eso es una putada.
Quiero arrancarme las manos por haberos hecho daño, por haber puesto en esas situaciones a las personas a las que amáis, porque si alguien le hiciera eso a ella, yo…
—Ni siquiera puedo terminar la frase. Estoy desolado.
Amar tanto a otra persona y que no te corresponda y desaparezca es…
una puta mierda—. No espero que nadie lo entienda, me vengué de esa perra de la peor manera y lo hice más por ti que por mí, por vosotros, todos.
—Maddox se estremece y Sterling la estrecha entre sus brazos—.
Todo lo que hice, bien o mal, lo hice pensando tanto en la supervivencia de Zoey como en la vuestra
—Haré como que no escuché eso —silva Briella y pone los ojos en blanco.
Logan asiente en mi dirección cuando lo miro, como si me dijera que lo entiende.
—Ahora que tienes a Martina, quizá puedas comprenderme un poco mejor.
Declan se tensa, y sé que he metido el dedo en la yaga, porque él, o cualquiera del grupo, ¿que haríamos en realidad si tuviéramos que elegir entre uno de nosotros o el motivo de nuestra obsesión?
—Sea como sea, todo importa una mierda, pago mi condena y, creedme, es peor que una pesadilla.
Briella y Martina se miran de reojo.
—Al menos podéis decirme si se encuentra bien —suplico, y escucho como se me corta la voz—, solo eso, joder. Así al menos tendría un motivo por el que sentirme un poco feliz después de esta victoria.
—Ella se encuentra bien —me asegura Martina. Asiento, me bebo la lata de un trago y la dejo sobre la encimera antes de despedirme con la mano.
—Me voy a llorar en privado, cabrones. Que disfrutéis de la fiesta.
Me alejo todo lo rápido que puedo y, en cuanto el viento del exterior me golpea el rostro, dejo que broten las lágrimas.
—Estás bien, tesoro. Eso significa que, al menos, tenemos una oportunidad.
—¡Lucien!
Me limpio las lágrimas con un par de manotazos antes de girarme hacia Briella.
—A Zoey le encanta pintar amaneceres.
Lo sé, pero ¿qué sentido tiene eso?
—¿Sabes? Este año se cumplen quince del accidente de sus padres, pero este es el primero en el que ella lo recuerda.
Ella…
—¿Recuperó la memoria?
Briella no me contesta, pero, al mirarla, veo lágrimas también en sus ojos.
—Solo quiero que sea feliz —solloza antes de girarse y desaparecer por la puerta por la que acabo de salir.
No sé si lo que acaba de decirme tiene sentido para ella, pero para mí si lo tiene. No tengo idea de por qué Briella me ayudaría, pero no pienso dejar pasar la oportunidad de averiguarlo.