Dulce Obsesión (Sangre bajo el hielo 3) CAPÍTULO 50
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CAPÍTULO 50

Que te ama. Eso es lo que menos le ha costado jamás entender a mi cerebro disfuncional.

Toronto, noviembre.

—¡Zoey! —Briella es la primera que se lanza hacia Zoey y la abraza, gruño como advertencia porque no lo hace con cuidado.

—Cuidado, estoy muy embarazada —evidencia Zoey con una sonrisa tímida.

—Oh, Dios, ya lo veo —musita Martina, que me ha empujado y abraza a mi chica con fuerza solo porque el hijo de puta de su novio la hace sentir toda poderosa.

—¡Vamos a ser tías! —La voz de Taylor es un irritante de otra dimensión.

—No me extraña que la dejara preñada —farfulla Logan, al que, aún no sé por qué coño, quise invitar a esta reunión. Sterling le da una colleja con fuerza y este se queja—. ¡Eh! Que la tuvo dos meses en un barco sin televisión ni internet, ¿qué cojones esperabais?

—Deberías callarte, Logan —lo fulmina Briella con la mirada—. Cuando los imbéciles no saben que decir, se ven mejor con la boca cerrada.

—Eso es porque nunca has encontrado a un hombre que sepa hacer algo bueno por ti con la boca abierta.

—Y no me digas —se ríe Maddox—. Tú quieres ser el primero.

—¡¿Yo?! Ni de coña, se me caería la lengua, los putos dientes…

—Déjalo ya, Logan —le aconseja Sterling divertido y le pone la mano sobre el hombro—. Déjalo ya.

—Eh, que Zoey y Lucien van a tener un bebé, ¿podemos centrar toda nuestra atención en eso?

—En realidad, son dos —confiesa Zoey y se escuchan suspiros cargados de emoción—. El lugar donde me hacían las revisiones era un poco precario, pero la doctora dijo que son un niño y una niña.

—¡Madre mía! Os lo he dicho —bromea Logan—. Eso es lo que pasa cuando no tienes tele.

Algunos se ríen, pero la mayoría intentan permanecer serios ante esa broma y nos felicitan a ambos.

—Que estés aquí, Zoey —musita Kirian con cautela—, ¿significa que vuelves? ¿Que vas a estar con él?

Mi tesoro asiente a mi lado mientras todos los ojos de la sala la miran y casi me caigo de alivio.

—Nunca quise dejarlo, todo ha sido un enorme malentendido, pero ya está solucionado.

—No pienso separarme nunca de ella. —La atraigo hacia mi y le rodeo la cintura con el brazo.

—Menos mal, joder —suspira Gideon—. Creí que este cabrón iba a matar a alguien en la pista. La única razón por la que hemos ganado todos los partidos es porque no deja títere con cabeza.

A todos se nos escapa una carcajada.

—Me alegro muchísimo de que la hayas encontrado, Lucien. —Declan extiende la mano con la que no rodea la cintura de Martina y yo me paralizo.

—No tienes que hacer eso si no quieres, Declan, sé que…

—Te quiero. Y yo sé que tú me quieres a mí. Lo que pasó, fue una putada, pero éramos unos putos críos y comprendo tus motivos, Lucien. Perseguías esto. —Nos señala —. Y me alegro de que lo encontraras.

Ignoro la mano y le doy un abrazo. Enseguida me encuentro rodeado por todos los chicos mientras me abrazan y me felicitan.

—Bienvenido de vuelta, grandullón.

—Nos alegramos por muchísimo por ti.

—Te queremos, tío.

—Tanto Martina como mi florecilla aceptan cheques como disculpa.

Ese hijo de puta me saca una carcajada.

—¡La mejor disculpa es que seré tía! Y tú también. —Martina se acerca a Maddox y la agarra de la mano—. Ya eres una de nosotras. Zoey te va a encantar, aunque haya elegido al más cabrón de los jugadores de hockey de toda la historia.

Será…

—Os compensaré —intervengo—. Me quedaré con los niños en todas vuestras noches de chicas, los llevaré a jugar al hockey.

—Hostia puta. —Martina saca el móvil y me lo pone delante de la cara—. Repite eso, necesito pruebas.

Todos nos reímos —menos Logan y Briella que tiene una guerra de miradas en la que ninguno de los dos consigue que el otro muera— y, por un momento, me vuelvo a sentir en casa.

—Gracias por darme una nueva oportunidad.

—¿Qué coño dices, tío? Eres nuestro hermano.

Y ser su hermano me hace muy feliz.

Creí que me importaría una mierda tener una familia, pero ahora no concibo una vida diferente.

—¿Estás contento? —murmura Zoey mientras se pone a mi lado.

—Ni siquiera habría podido imaginar tanta felicidad, tesoro. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida y yo…

Me llevo una mano temblorosa al bolsillo de la chaqueta y, cuando noto la textura dura de la caja aterciopelada, se disipan todas mis dudas.

No sé por qué tiemblo, pero no voy a permitirme dudar ni un solo segundo. Esta mujer es todo lo que amo. Esta vida es lo que quiero y no pienso dejarla marchar.

—Zoey —llamo su atención y me pongo de rodillas.

—Cariño, ¿qué…?

—Tesoro, cásate conmigo —suplico y le muestro el anillo. Parece que le gusta, compré el diamante más grande de toda la joyería y los ojos se le llenan de lágrimas—. Por favor, princesa, hazme el hombre más feliz del mundo haciendo esto oficial.

—Ya no quieres que sea un secreto. —Se lleva la mano a la boca y se burla en silencio.

—Quiero que el mundo entero lo sepa.

—¿Me secuestrarás en ese barco al menos un mes al año?

Me rio y asiento.

—Prometido —sentencio y ella extiende la mano para mí.

—Entonces es un sí. Un sí para toda la vida, pirata.

—Un sí para toda la vida, tesoro —recito mientras deslizo el anillo por su dedo.

Me levanto, la acuno entre mis brazos y la beso con toda mi devoción mientras nuestros amigos lo celebran a nuestro lado.

FIN.