DE BARRO Y CADENAS

Ella reconstruyó su vida ladrillo a ladrillo. Él llegó a derribar el último muro.

Laura no necesita a nadie. Después de que Iván se llevara sus ahorros, su confianza y estuviera a punto de llevarse también la casa de sus padres, se hizo cargo del Bar Jala sola: catorce horas al día, la coraza puesta y ni un hueco para que nadie vuelva a hacerle daño.

Convirtió su pub en un refugio oscuro para los que, como ella, no quieren que nadie los juzgue.

Víctor no busca líos. Entre el taller de Don Francisco y su Honda Magna restaurada a fuerza de sudor, ha aprendido a no esperar nada de nadie. Solo quiere su jarra de cada noche al final de la misma barra.

Pero algunas rutinas se convierten en costumbre, y algunas costumbres, en algo que ya no se puede parar.

Entre juntas de cafetera cambiadas sin que nadie las pida, un bajo desafinado y un pote que resucita hasta a los muertos, la coraza de Laura empieza a agrietarse justo donde menos se lo esperaba: en el extremo de su propia barra.

Pero el pasado de Laura no ha terminado de pasar factura, y cuando las viejas deudas —las de dinero y las del orgullo— llaman a la puerta del Jala, los dos tendrán que decidir si lo que han construido puede sobrevivir al peso de todo lo que arrastran.

Una historia de amor lenta e intensa entre una mujer que dejó de creer en las segundas oportunidades y un hombre que nunca dejó de esperarla. Con final feliz.

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