León. Sábado, once de octubre. Naia Cembranos, diecinueve años, estudiante de primero de Enfermería, no ha dormido en su piso del Crucero. Su madre, Begoña, llega a las nueve y cuarenta a Villa Benavente con la cara que tienen las madres cuando saben.

A las cinco y cincuenta y cinco de la tarde aparece su cuerpo en una cuneta del polígono de Onzonilla, en la N-630, con la matrícula trasera del Audi del padre del exnovio repetida en seis cámaras de tráfico distintas.

La inspectora Eider Aristegui Etxeberria tiene cuarenta y cuatro años, una hija de quince en Pamplona, una madre que empieza a olvidar y un equipo en la Brigada Provincial de Policía Judicial que sabe trabajar deprisa cuando hace falta.Tiene seis días antes de que el caso se filtre a la prensa y la familia del sospechoso lo blinde con abogados de Madrid.

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