Raúl tiene cuarenta y cinco años, todos sus dientes y una estadística sentimental impecable: cero divorcios.

También lleva once años sin acostarse con nadie, pero eso no le parecía un problema hasta que alguien hizo la pregunta.

Su vida está perfectamente organizada. Trabaja de ocho a tres, tiene amigos, una familia que se preocupa por él más de lo necesario y una rutina que funciona sin incidencias. Sin embargo, quienes lo rodean parecen convencidos de que estar solo es una avería que debe repararse.

Así que Raúl entra en Tinder.

A partir de ese momento tendrá que enfrentarse a perfiles incomprensibles, conversaciones que no llevan a ninguna parte, citas que quizá no sean citas y personas que esperan de él respuestas que nunca había necesitado plantearse.

Porque conocer a alguien puede ser complicado. Pero explicar por qué uno estaba bien antes de conocerla puede ser todavía peor.

Cero divorcios es una comedia sobre las citas después de los cuarenta, las expectativas ajenas y la sospechosa costumbre de confundir una vida tranquila con una vida incompleta.

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