En una Sevilla sin sol, investigar una muerte aparentemente rutinaria puede costarte todo lo que aún te mantiene vivo.
Desde el Apagón, la ciudad sobrevive al clima extremo, la niebla, el frío y las restricciones de energía. Los tranvías chirrían entre farolas de gas en sus calles castigadas.
Ángel Vega, sargento de la Guardia de la República, conoce bien esa decadencia. Desconfía de los discursos, detesta los reconocimientos y es de los pocos que encuentra cierto consuelo en un mundo que ha vuelto a parecerse al pasado. Pero sigue creyendo que su trabajo todavía sirve para algo.
La aparición de un cadáver y unas pistas que no deberían estar allí lo arrastran a una investigación cada vez más incómoda. Cuanto más avanza, menos claro resulta quién dice la verdad y quién necesita que deje de buscar.
Mientras tanto, Lola O’Donnell le recuerda que todavía existe algo fuera del trabajo, los muertos y la ciudad.
Ángel podría apartarse. Dejar que otros siguieran. Elegir, por una vez, lo que quiere.
Lo difícil sería vivir después con esa decisión.
Azahar combina la investigación de la novela negra con una Sevilla distópica, decadente y todavía hermosa, donde hacer lo correcto puede ser la forma más rápida de perderlo todo.






