Quince años vendiendo el otoño perfecto. Treinta y un días para desmontarlo.
Sara Quintana convirtió octubre en una marca.
Mantas, velas y agendas bonitas, todo nacido de un blog que escribió a los veintiuno en un piso sin calefacción.
Hasta que, en una presentación, delante de las influencers que podrían haber sido sus becarias, se le escapa la verdad: «Al diablo con el pumpkin spice».
El vídeo arrasa. Y su empresa tiene una idea: treinta y un días recreando las treinta y una fotografías que la hicieron famosa y contando, debajo de cada una, lo que pasaba fuera de encuadre.
No había café. La calefacción llevaba tres meses rota.
La calabaza era gratis porque estaba podrida por un lado.
Solo hay un problema. Todas esas fotos las hizo Tomás Leal, el fotógrafo al que la marca borró de su propia historia. El hombre con el que vivió aquel octubre y al que no ve desde hace doce años.
Si llegan a Halloween sin destrozarse, ella tendrá una última oportunidad de proteger a su equipo y él recuperará sus fotografías. Pero cada imagen enseña algo que los dos preferían no recordar, y fingir que ya no sienten nada vende mucho peor que la verdad.
Una comedia romántica sobre segundas oportunidades, sobre lo que cuesta de verdad un otoño bonito y sobre quién es dueño de los recuerdos cuando esos recuerdos han pagado el alquiler.
Novela autoconclusiva. Final feliz. Humor, ternura y escenas subidas de tono.







