Creía tener bien calado a Oliver Van Doren, el delantero estrella de los Railers.
Un hombre con un encanto diabólico, la disciplina propia un niño de dos años, y ese talento especial para causar desastres que siempre acabo teniendo que limpiar yo.
Apenas puede decirse que seamos amigos, y sin duda nos conviene más fingir que esa tensión sexual que se percibe como una vibración de fondo entre nosotros no es algo inflamable.
Aunque sea la única explicación posible a cómo un momento de debilidad se convierte en una noche que yo no consigo olvidar.
¿Y sabéis cuál es la peor parte? Que no puedo parar.
Maldita sea, es demasiado bueno.
Dos líneas de color rosa lo cambian todo.
De repente, me encuentro viviendo con el único hombre que sabe exactamente como sacarme de quicio. Pero Oliver no es quien yo creía que era. Es paciente. Atento.
Protector. Y de alguna forma, día tras día, hace lo imposible por fingir que él no es todo lo que siempre he estado demasiado asustada para permitirme desear.
Ahora no puedo evitar preguntarme si lo que empezó siendo un error Podría ser solo el principio algo que durase para siempre.







