Dos personas a las que todo el mundo lee y nadie firma. Un hotel cerrado en Menorca. Un manuscrito con los márgenes llenos.
Gala Montesinos lleva seis años escribiendo las novelas de Ofelia Lago, la reina de la romántica española.
Nueve superventas con el nombre de otra en la cubierta, y una promesa en un cajón: cuando entregue la décima, publicará la suya.
Solo hay un problema. Las escenas de sexo de Gala no funcionan, y la editorial lo sabe.
Iago Reverte escribe audios eróticos para una aplicación que nadie admite tener en el móvil. Cuarenta mil escuchas a la semana, ninguna con su nombre, y una teoría sobre el amor: que a partir de cierto punto ya no es amor, sino sexo con problemas administrativos.
Cinco semanas. Un hotel de lunas de miel cerrado en invierno, con una sola habitación caliente, una encimera de acero y dos guardeses que llevan cuarenta años sin explicar nada.
Ella escribe la historia. Él escribe sus partes indecentes.
Y como han decidido no hablarse, se pelean en los comentarios del manuscrito, hasta que los comentarios empiezan a hablar de otra cosa.
Cuando lo que se escribieron en los márgenes sale del hotel, la única persona que puede firmarlo es la mujer que no escribió ni una línea. Y a Gala le ofrecen lo que lleva seis años esperando a cambio de una sola cosa: que Iago no exista.
Las partes indecentes es una comedia romántica adulta, en español de España, con dos voces que se contestan capítulo a capítulo, tres escenas de puerta abierta y un final feliz que no borra lo que costó llegar.
Para quien haya leído alguna vez una frase en una boda sin saber quién la escribió.






