Rodrygo Clynk tiene dieciocho años y acaba de descubrir algo que su país entero finge no saber: Chatarra, la tierra que intentaron borrar del mapa, sigue ahí. Y su mejor amigo desapareció dentro de ella.
Con todo el valor que puede reunir, Rodrygo cruza la frontera que nadie en Conquista se atreve a cruzar.
Lo que encuentra al otro lado no es ninguna ruina olvidada: es la Sociedad del Hilo, una organización clandestina de marionetistas que atan su propia vida a criaturas mecánicas capaces de proteger…
o de destrozar. Nadie esperaba que una de ellas lo eligiera a él.
Lo que tampoco esperaba era encontrar algo parecido a una familia: Flagbys, que no necesita magia para demostrar quién es; Yvan, el más inteligente de los tres; y Cynthia, siempre lista con el chiste más oscuro.
Entre entrenamientos y secretos a medias, los cuatro se vuelven el único lugar donde Rodrygo no tiene que fingir que todo está bien.
Pero cuanto más investiga, menos sentido tiene lo que encuentra. Un capitán que lo mira como si guardara un secreto capaz de destruirlo. Gente nueva a su alrededor que podría ser aliada… o informante. Y una mujer agonizante que, justo antes de morir, logra susurrar una sola palabra rota: dragón.
Nadie en Chatarra quiere decirle qué significa eso. Rodrygo está a punto de descubrirlo de la peor manera posible.
La Sociedad del Hilo abre una saga de fantasía juvenil donde cada alianza tiene un precio — y cada hilo que se tira puede deshacer mucho más de lo que promete atar.






