Renata Coll ha construido su carrera sobre una regla de oro: ser invisible.
Como intérprete de conferencias, su trabajo es que las palabras de los demás lleguen intactas, nunca las suyas.
Por eso, cuando la contratan para la fusión secreta entre un gigante hotelero italiano y una cadena española, firma sin dudar la cláusula de silencio más brutal que ha visto en once años de profesión.
Lo que no esperaba era tener que susurrar cada palabra al oído de Dario Conti, el CEO que exige exactitud y no admite medias tintas.
Ni descubrir, entre los documentos que traduce, un fraude que amenaza con arruinar a cientos de trabajadores, incluida su propia hermana.
Ni, mucho menos, enamorarse del hombre al que debería estar exponiendo.
Renata puede guardar silencio sobre lo que oye en esa sala. El contrato se lo exige. Lo que nadie le advirtió es que tendría que guardar silencio también sobre lo que siente.
Una novela sobre la valentía de decir la verdad cuando más cuesta, y sobre el amor que solo florece cuando por fin nos atrevemos a hablar con nuestra propia voz.






