La clausula del silencio Capítulo 7 - La confrontación #3
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Capítulo 7 - La confrontación #3

—¿Cómo está? —preguntó Renata, procurando que la pregunta sonara con la preocupación profesional apropiada, aunque por dentro sintiera algo mucho más personal.

—Sosteniéndose, como siempre. —Ilaria la miró con atención—.

Es un hombre que aprendió muy joven a cargar con responsabilidades enormes sin desmoronarse en público, desde que asumió el cargo tras la muerte de su padre.

Pero eso no significa que no le esté costando por dentro.

Cuídelo, cuando pueda. Sospecho que no hay muchas personas en su vida ahora mismo en quienes pueda apoyarse de verdad.

Aquel comentario, pronunciado con la naturalidad de quien lleva años observando de cerca la vida profesional y personal de su cliente, dejó a Renata con la sensación incómoda de que Ilaria Bassi sabía, o al menos sospechaba con bastante precisión, lo que estaba ocurriendo entre ella y Dario, y que había decidido, por razones propias, no interferir ni delatarlo a nadie.

Aquella complicidad tácita le pareció, en aquel momento, un pequeño respiro en medio de tanta tensión, aunque no sabía todavía cuánto tardaría en desmoronarse por completo cuando Beatriz Roig decidiera usar su relación con Dario como arma de venganza apenas unos días después. ***

El bufete de Roma que Dario había contratado para verificar la documentación estaba dirigido por una abogada llamada Silvia Contini, especialista en delitos económicos, que Renata tuvo ocasión de conocer brevemente cuando esta se desplazó a Milán para presentar en persona los hallazgos definitivos sobre Meridia Suelo.

Contini, una mujer de voz pausada y mirada aguda, le explicó a Dario y a Renata, con una claridad casi didáctica, cómo habían reconstruido la titularidad completa de la sociedad a través de registros notariales y bancarios.

—La sociedad se constituyó hace catorce meses, con un capital inicial mínimo, apenas tres mil euros —explicó Contini, repasando un informe de varias páginas—.

Pero en los últimos ocho meses ha recibido dos ampliaciones de capital, una de ellas justo coincidiendo con el inicio de las conversaciones preliminares de la fusión.

Eso demuestra que Ferri y Roig no solo conocían la operación con antelación, sino que empezaron a prepararse activamente para beneficiarse de ella incluso antes de que ustedes se sentaran por primera vez en esta misma sala.

—¿Es esto suficiente para una condena penal? —preguntó Dario, con la voz tensa.

—Es más que suficiente para una investigación seria —respondió Contini—.

La condena dependerá de muchos factores, pero con esta documentación, sumada a la confesión parcial que ya ha hecho el señor Ferri, diría que las probabilidades de que ambos enfrenten consecuencias penales reales son muy altas.

Aunque, como siempre en estos casos, el proceso judicial puede alargarse años.

Renata tradujo cada palabra de aquel informe con la misma precisión meticulosa que había aplicado a todos los documentos anteriores, consciente de que aquella reunión, más que ninguna otra, sentaría las bases legales de todo lo que vendría después: la suspensión de la negociación, la confrontación pública con Ernesto Vidal y Beatriz Roig, y el largo proceso de reconstrucción de la confianza que Dario tendría que emprender, tanto dentro de su empresa como, aunque todavía no lo supiera del todo, dentro de su propio corazón. ***

Antes de que Marco Ferri llegara aquella mañana a la reunión que sellaría su destino, Dario había pasado un rato a solas con Renata en la sala, un silencio compartido que ninguno de los dos supo bien cómo llenar.

Ella lo observó revisar una y otra vez los documentos que ya conocía de memoria, un gesto repetitivo que reconoció como la manera que tenía Dario de calmar los nervios antes de cualquier confrontación difícil, similar al modo en que se frotaba el puente de la nariz durante las negociaciones más tensas con Ernesto Vidal.

—¿Puedo decirte algo antes de que llegue? —preguntó Renata, rompiendo por fin el silencio.

Dario levantó la vista, agradecido aparentemente por la distracción.

—Claro.

—Pase lo que pase ahí dentro, hagas lo que hagas, va a ser lo correcto —dijo ella, con una firmeza que buscaba transmitirle algo de la serenidad que él claramente necesitaba en ese momento—.

No porque yo lo diga, sino porque llevo semanas viéndote priorizar lo correcto por encima de lo cómodo, una y otra vez, incluso cuando te costaba caro.

Marco no va a ser la excepción, y tú lo sabes, aunque ahora mismo el miedo a perderlo te haga dudar.

Dario la miró un largo momento, con una expresión que mezclaba gratitud y algo más profundo que ninguno de los dos se atrevía todavía a nombrar del todo.

—Gracias —dijo simplemente, y aquella palabra, pronunciada con tanta sencillez, bastó para que Renata sintiera que, pasara lo que pasara con la operación, con el contrato o con la cláusula doce, algo genuino y valioso se había construido entre ambos en aquellas semanas, algo que ya no dependía de ningún documento legal para seguir siendo real.