Una repostera que ha jurado no volver a cocinar. Cinco abuelas que no aceptan un «no». Y el hombre que viene a quitárselo todo… con la mejor de las sonrisas.

Candela Ortega ha tocado fondo: sin obrador, sin pareja y con una deuda que no es suya. Hereda el piso minúsculo de su abuela en una corrala de Lavapiés con dos únicas certezas: no volverá a pisar una cocina y no volverá a enamorarse.

Las dos promesas le duran lo que tarda en bajar al patio.

Porque allí, tras una persiana metálica, cinco abuelas deslenguadas llevan cuarenta años sosteniendo un comedor clandestino a base de pucheros, descaro y mucha, mucha mantequilla. Y han decidido que Candela es de la familia, le guste o no.

Lo que ella no sabe es que el hombre educado y exasperante de la carpeta azul —Gabriel— es el administrador al que han mandado a vaciar la corrala. Que cada madrugada de harina, cada croissant con su corazón de mantequilla, acerca el día en que tendrá que elegir entre su trabajo… y la gente a la que ha empezado a querer.

Tú lo sabes desde la primera página. Candela, no. Y ahí empieza lo que de verdad duele —y lo que de verdad enamora.

Una novela para reír a carcajadas y llorar sin avisar, sobre la familia que se elige, las segundas oportunidades y el amor que, a veces, entra por la cocina.

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