¿Qué harías si descubres que la persona que duerme a tu lado guarda una fotografía reciente... de alguien que lleva cuatro años muerta?

Eran las dos y diecisiete de la madrugada cuando Laura, movida por una incipiente desconfianza, se atrevió a desbloquear el teléfono de su novio, Rubén.

Lo que pretendía ser un rápido vistazo para calmar sus inseguridades se convierte en el inicio de una pesadilla implacable.

En una carpeta oculta, encuentra una imagen reciente de Rubén junto a Clara, una mujer fallecida en extrañas circunstancias cuatro años atrás.

Pero ese es solo el primer escalón de un descenso al abismo.

A medida que Laura empieza a indagar, descubre detalles imposibles: matrículas antiguas, reflejos de personas que no deberían estar ahí —incluido su propio padre, supuestamente muerto hace años—, y mensajes anónimos que le lanzan una única y escalofriante advertencia: Deja de mirar.

Lo que comienza como un thriller sobre secretos de pareja se desmorona rápidamente en una intriga mucho más oscura, donde los recuerdos de la infancia, las identidades y la propia realidad parecen formar parte de un engranaje artificial.

¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar cuando descubres que toda tu vida no existe?

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