Marina Uceda solo tiene que catalogar y destruir el archivo muerto de una plataforma de streaming a punto de cerrar.

Pero en una carpeta llamada «proyectos cancelados» encuentra treinta y siete horas de metraje sin emitir: una docuserie de true crime cuyos tres presentadores desaparecieron, uno a uno, durante el rodaje en un pueblo donde una adolescente lleva veintidós años sin aparecer.

Nadie más ha vuelto a mirar esos archivos. Marina sí. Y cuanto más tira del hilo, más claro le queda que en Cerezal del Bajo hay gente dispuesta a todo para que ciertas preguntas no vuelvan a hacerse nunca más.

Lo que quedó grabado es un thriller psicológico sobre el poder de lo que se archiva, lo que se calla y lo que, tarde o temprano, alguien decide por fin mirar.

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