Once segundos bastaron para convertir mi peor noche en un vídeo viral. El verdadero problema fue el policía que aparecía conmigo.
Me llamo
Dani Navarro, soy creativo publicitario, acabo de volver a Valencia y llevo años enamorado de un hombre que, naturalmente, está colado por mi mejor amigo.
La noche en que descubro ese pequeño detalle reacciono con la serenidad propia de un adulto funcional: alcohol, una decisión desastrosa al volante y un encuentro con la
Policía Nacional
que termina conmigo tambaleándome contra
Héctor Moreno. Alto, musculoso y peligrosamente atractivo, Héctor solo intenta hacer su trabajo. Alguien graba once segundos mientras evita que me caiga. A la mañana siguiente, Internet ya ha decidido qué hacer con sus brazos, su uniforme y mi dignidad.
Yo debería olvidarlo. Héctor preferiría que medio país olvidara su cuerpo. Pero entonces mi agencia recibe una campaña que quiere aprovechar precisamente la obsesión viral por los
policías españoles guapos
, y la distancia entre mi trabajo y su intimidad empieza a volverse peligrosamente pequeña. Héctor no piensa convertirse en mi fantasía, mi estrategia ni mi plan B. Yo tampoco quiero seguir siendo el hombre que espera eternamente a que alguien lo elija.
Porque detrás del uniforme hay un hombre que pone límites, se equivoca, tiene miedo de llegar segundo y besa demasiado bien para mi estabilidad mental.
La pregunta es qué ocurrirá cuando deje de jugar y le pida que se quede y ¡me ponga sus esposas!
¿Qué te espera entre estas páginas?
Un Policía Nacional muy lejos del héroe perfecto:
Héctor puede imponer con uniforme, pero cansado, vulnerable y fuera de servicio resulta mucho más peligroso para Dani.
Slow burn con recompensa:
deseo desde el principio, límites, roces, besos contenidos y una escalada sexual explícita que llega cuando ambos pueden elegirla.












