Existen testimonios de personas que aseguran haber vivido décadas enteras en lo que para el resto fue solo una noche.
Lo que comienza como una atracción y un deseo que desafía la cordura, pronto se transforma en una experiencia perturbadora. El entorno empieza a fracturarse y el tiempo se deforma.
En un escenario así, la pregunta no es cuánto estás dispuesto a entregar, sino qué pasará cuando la noche termine.








