El último Halloween
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CAPÍTULO 1
—Hoy no te acompaño, no he dormido nada —me dice Claire desde su taller improvisado en un rincón de la habitación.
Mi amiga y compañera de piso pasa la mitad de las noches en vela, creando esculturas y muñecos de cera que dan bastante mal rollo. Tenemos ya una colección entera repartida por la casa y juro que a veces hasta me parece que se mueven.
La semana que viene tiene su primera exposición.
Muero de orgullo por ella; la verdad es que tiene un talento natural, aunque si me dieran a elegir, preferiría que hiciera cosas menos siniestras y que me borrara de su lista de regalos personales.
No puedo evitar recordar el detalle que tuvo por Navidad: Una polla de cera enorme, con venas incluidas.
Fue un momento gracioso, eso no lo niego, y ahí lo tenemos expuesto en pleno salón para que sea lo primero que vea cualquiera al entrar.
Le planto un beso rápido en el cabello para despedirme, subo la cremallera de los botines negros y me cuelgo el bolso en el hombro, que dejé listo anoche con el portátil dentro, que pesa una barbaridad. «Necesito comprarme uno nuevo».
Abro la puerta, extiendo el paraguas y la calle me recibe con ese ambiente otoñal que tanto adoro. Es mi época favorita del año. Me encanta la lluvia, el olor a tierra mojada y el suelo repleto de hojas con tonos como el rojo y el naranja, que ya han caído de los árboles.
Ya estoy deseando que llegue la tarde para volver a casa, ponerme ropa ancha, hacerme un chocolate caliente y tirarme en la cama a leer.
Comienza a sonar My Immortal de Evanescence en los auriculares y comienzo a andar. Vivimos muy cerca de la universidad, justo en la esquina de Cumberland Ave con Avon St, así que tardo diez minutos escasos a pie.
En la entrada me cruzo con Sara, mi otra mejor amiga, la otra pata de la mesa.
Llevamos meses intentando convencerla para que se mude con nosotras, pero dice que prefiere mantener su espacio.
Después de vivir dos años enteros con su ex, no quiere saber nada de compartir piso con nadie en una buena temporada.
Daniel es un elemento de cuidado. Se pasaban el día discutiendo y la cosa llegó a ponerse fea, con empujones y moretones incluidos. Hasta que ella terminó liándose con otro. Para ese momento la relación estaba completamente muerta, solo que él se negaba a aceptarlo.
Y para rematar la faena, el chico con el que se lio era el mejor amigo de Daniel, que apareció muerto pocos días después de aquello.
Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió, aunque yo tengo mis propias teorías. Lo encontraron en mitad del bosque, atado a un árbol, con el pecho rajado de arriba abajo y un montón de cortes profundos en brazos y piernas.
—Ya tengo mi sombrero para mañana —cuenta Sara en cuanto me ve, dándome un abrazo.
—Hablando de eso, ¿qué haremos al final?
—Nuestro plan B: la fiesta de Lucas.
No respondo. Tampoco es que me apasione la idea de ir, pero tampoco hay muchas alternativas.
Empujo la puerta del pabellón y el barullo de los alumnos nos recibe. Estudiamos en el Maine College of Art ya verás cómo nos lo pasamos genial. Toca pasar página —me dice Sara, dándome otro abrazo antes de perderse por el pasillo con su bebida en la mano.
Saco el móvil del bolsillo delantero de los vaqueros para revisar la hora. No puedo evitar sentir los ojos aguados al ver la cantidad de mensajes y llamadas perdidas. No voy a contestarle, aunque realmente quiero hacerlo.
Termino el café de un trago, tiro el cartón a la papelera y aprieto el paso hacia la clase, dispuesta a sacarme su cara de la mente de una vez por todas, o al menos intentarlo.
«Pasar página... Eso es lo que tengo que hacer».