CAPÍTULO 21
Mia
No lloro. No grito. No reacciono.
Tan solo permanezco aquí, observando la imagen que tengo enfrente.
«Todo es mentira. Al dormir, todo habrá pasado y ellos estarán vivos». Es lo que quiero creer y lo que mi mente repite una y otra vez.
Sigo sin encontrarle lógica a esta pesadilla de la que no logro despertar. Y cuando pensé que nada sería peor que ver los cuerpos de mis amigas muertas, el sonido de muchos pasos llega para confirmar que sí, que todo puede empeorar.
Formando un círculo a mi alrededor, rodeando ambos coches, están todos de pie.
Todos los cuerpos de los muertos, inmóviles, observándome.
Sara, Claire, los amigos de Logan, la chica de la primera noche, el chico de la segunda… Y en medio de todos ellos, está él.
«Logan».
Apoyándome en uno de los vehículos, me pongo en pie. Con la mano libre me echo el cabello hacia atrás, me limpio la lágrima que se me había escapado sin darme cuenta y lo miro fijamente.
—¿Qué quieres de mí? —le grito.
Sonríe de lado y entrecierra los ojos, recorriéndome entera.
—¿Qué quieres darme? —responde.
—Esto no es gracioso; si querían asustarme, perfecto, felicidades, lo lograron, pero ya basta.
Paso mi mirada por cada rostro de todos los presentes, incluso de los cuerpos que están dentro de los coches.
—¿Tienes miedo? —pregunta Logan, que ha comenzado a caminar hacia mí.
—No.
«Sí, tengo miedo, claro que lo tengo».
—Tu cara dice lo contrario. Está cada vez más cerca.
—He dicho que no teng…
Su mano me interrumpe cuando aprieta mi boca para callarme.
—No podrás escapar. Vas a ser mía para siempre… Mia.
No digo nada, tampoco puedo.
—Eso es, buena chica.
Empuja mi cuerpo y caigo sobre el capó del coche de Sara.
Me abre de piernas, pero las cierro.
—¿Qué haces? —Intento darle una patada en el pecho que siento que me duele más que a él.
—Shhh… Déjame probarte —dice, tratando de abrirme de nuevo.
—Logan, suéltame.
—Shhh… Los buenos angelitos no se comportan así.
Hace fuerza hasta que lo consigue; mis piernas se abren, pero no me dejo, sigo intentando patearle el pecho.
Dos chicos avanzan hacia nosotros y se colocan uno a cada lado para sujetarme. Al sentir cómo me aprietan las manos, me giro para descubrir a un tercero a mi espalda.
Logan sonríe y se acerca a mi centro.
—No. ¡He dicho que no!
Sopla, el muy hijo de puta me sopla el clítoris, haciendo que mi cuerpo sienta una descarga de placer inmediata.
Vuelve a sonreír.
—No haré nada que no quieras.
Se aleja, dejándome abierta, sintiendo el viento rozarme, necesitando el placer que me acaba de negar.
—Vale —susurro.
—¿Qué? —dice, girando la cabeza y llevándose una mano a la oreja.
—Dije, vale —vuelvo a susurrar.
Se acerca de nuevo a mí, pasa un dedo por toda mi abertura, se lo lleva a la boca y lo saborea.
—Pídemelo.
—Fóllame.
—Por favor, Logan, fóllame, hazme tuya. Repítelo.
—Por favor, Logan, fóllame, hazme tuya —susurro, avergonzada porque no puedo estar peor de la cabeza para estarle pidiendo esto sin importarme nada.
—Ese es mi angelito.
Y sin previo aviso, me muerde el clítoris, haciendo que se me escape un grito.
Al soltarme, cruza una mirada con el amigo a su derecha. Bastan un par de señas silenciosas entre ellos; ni siquiera me da tiempo a reaccionar cuando el frío cañón de una pistola me penetra.