Una ejecutiva dispuesta a arrasarlo todo por el éxito.

Un ermitaño desgarrado por la culpa.

Una tormenta que los dejará a solas con la verdad.

Elena Morales controla el mundo desde la planta treinta y dos de la Castellana.

Adicta a los trajes a medida y a las pantallas, su ascenso definitivo en la consultora depende de un solo trámite: conseguir la firma de un terrateniente exiliado para expropiar un valle en Las Hurdes.

Lo que no calculó fue que un temporal salvaje arrasaría el puente de acceso, destrozaría su teléfono y ahogaría sus certezas bajo el barro.

Allí la espera Mateo, un antiguo ingeniero de caminos que conoce el precio de la ambición.

Tras una tragedia que le partió la vida, cambió los megaproyectos por el exilio en una borda de piedra negra.

Él no quiere acuerdos. No quiere dinero.

Y, sobre todo, no quiere en su puerta a una mujer que representa todo lo que desprecia de la ciudad.

Él es la resistencia; ella es la urgencia. Él es el basalto; ella es el cristal a punto de romperse.

Acorralados por el frío, la llovizna implacable y sin vía de escape, la hostilidad inicial dejará paso a la pura necesidad de sobrevivir.

Cuando la armadura corporativa de Elena se resquebraje, la cercanía forzada en la cabaña encenderá una atracción áspera, eléctrica y honesta.

Entre el humo de la encina y el peso de la pizarra, descubrirán que hay heridas que los despachos no curan y pasiones que solo arden cuando el ruido del mundo se apaga.

«El peso de la pizarra» es una historia sobre la redención, el valor de soltar el control y la fuerza de un amor primitivo que florece allí donde el asfalto se termina.

Esta novela pertenece a la serie «Latidos en silencio» y puede leerse de forma independiente.

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