Si se lo cuento, usted será la siguiente.

Eva tiene veinticinco años, las manos quietas y una historia que Inés Beltrán no ha oído nunca en veinte años de consulta.

A ella no le hace nada. Nunca le ha puesto una mano encima, nunca le ha dicho una palabra. Le hace daño a la gente que la cree.

A su compañera de piso, que la acompañó a comisaría. A su hermana, a la que se lo contó por teléfono. Cada persona a la que Eva se lo cuenta tiene un accidente, y todos los accidentes se archivan.

Inés es la mayor especialista en acoso de este país. Ha escrito el manual que usan cuatrocientos gabinetes, asesora a la policía y sabe exactamente lo que hay que hacer.

Y una tarde de mayo comenta el caso con su recepcionista. Cuatro minutos, en su despacho, con la puerta cerrada.

Dos días después, a esa mujer la esperan en su portal.

A partir de ahí, cada intento de pedir ayuda le cuesta a alguien.

Su marido. Su editora. La inspectora con la que lleva once años trabajando.

Y cuando por fin acude a la policía, descubre que nadie puede demostrar que Eva haya pisado su consulta: la entrada discreta, el pago en efectivo, la cita fuera de agenda.

El protocolo que Inés diseñó para proteger a las víctimas ha borrado a la única testigo de su cordura.

Le queda una salida: contar la verdad entera.

Y la verdad entera empieza en 2013, con su primera paciente.

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