Hay mentiras que se cobran por horas y acuerdos donde el corazón no viene incluido en el contrato.
Marina Ríos tiene una profesión tan peculiar como rentable: redacta disculpas a medida y discursos de rescate emocional para clientes en apuros desde su portátil.
Sin embargo, ninguna de sus brillantes cartas puede salvarla de una inminente crisis financiera.
Por eso, cuando Gonzalo Mendieta aparece en su cafetería habitual con una oferta desorbitada y un manual de instrucciones para ser su prometida perfecta, rechazarlo es un lujo que no se puede permitir.
Gonzalo es un prodigio de las leyes corporativas en San Telmo del Norte, pero su absoluta incapacidad para conectar con las personas está a punto de costarle la cuenta más importante de su carrera.
Desesperado por proyectar una imagen de hombre confiable y con vida social intachable, necesita que la espontaneidad y el carisma de Marina lo rescaten durante tres semanas de eventos benéficos.
El plan parece un simple trámite mercantil con reglas muy claras:
– Memorizar anécdotas de un romance ficticio.
– Superar el escrutinio de una élite social implacable.
– No confundir la coreografía con la realidad.
Pero entre ensayos de sonrisas a medianoche, encerronas en atascos de hora punta y un intercambio incesante de réplicas afiladas, la frontera entre el personaje y el deseo empieza a desmoronarse.
Cuanto más creíble resulta el flechazo ante las cámaras, más difícil se vuelve fingir que la tensión entre ambos es solo parte del guion.
¿Hasta dónde puedes ensayar una mentira antes de que se convierta en lo único auténtico que tienes?








