La subastaron para atraerlo a él. Ninguno de los dos era el verdadero objetivo.
Mila aceptó un trabajo de una noche porque necesitaba el dinero.
Cuando el auto dejó atrás la ciudad y contó cuatro guardias antes de llegar a la puerta, ya sabía que ese salón no estaba montado para vender mujeres.
Estaba montado para atrapar a un hombre.
Aleksandar Vukovic pagó doscientos mil por ella delante de toda la sala. En el auto, sin ceremonia, le dijo que era libre de irse.
Lo que no le dijo es que alguien llevaba meses estudiándolo, y que el nombre de ella ya estaba escrito en ese plan mucho antes de que se conocieran.
Él quiere respuestas. Ella también.
Mila no pide permiso para participar en su propia supervivencia. Ve lo que se le escapa a hombres pagados para verlo, se niega a esperar encerrada mientras otros deciden por ella, y cada vez que Aleksandar intenta protegerla apartándola, el peligro la encuentra igual.
Quince años calculando cada movimiento le enseñaron a él que dudar cuesta vidas. Ahora tiene que decidir qué está dispuesto a romper —qué reglas, qué acuerdos, qué versión de sí mismo— por alguien que nunca fue parte del cálculo.
Porque el hombre que armó esta trampa sigue suelto.
Y todavía no jugó su última pieza.
Héroe mafioso posesivo y letal; heroína que se niega a ser rescatada en silencio; proximidad forzada; slow burn; traición interna, suspenso y giros. Final feliz garantizado.
Escenas de intimidad sensuales, sin lenguaje explícito.
Libro 3 de la serie Imperios de la Mafia — puede leerse de forma independiente.







