Subastada en el Remate del Mafioso Serbio (Imperios de la Mafia Libro 3) Capítulo 39
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Capítulo 39

Aleksandar organiza una cena con los líderes de la organización, la primera desde que el juicio interno contra Viktor y Radovan se resolvió por completo, y a diferencia de cualquier otro evento anterior, esta vez le pide a Mila que esté sentada a su lado, no en algún lugar discreto de la mesa, sino en el puesto que tradicionalmente ocupa quien se considera su pareja formal.

—¿Estás segura de que estás lista para esto? —le pregunta él, mientras se preparan. Se ajusta los gemelos frente al espejo, la mirada buscando la de ella a través del reflejo.

—¿Tú estás listo?

—Hace tiempo que lo estoy. Solo esperaba el momento correcto.

Mila se mira al espejo, el vestido elegido con cuidado, consciente de que esta noche no es una cena cualquiera sino una declaración pública de algo que ambos ya saben desde hace semanas.

Se acomoda un pliegue de la tela, nerviosa de una forma distinta a la que sintió en cualquier otro evento anterior.

Nada de lo que enfrentó hasta ahora se parece a esto: no hay peligro físico, solo la exposición de algo profundamente personal frente a extraños.

—¿Cómo me veo?

—Como la mujer que estoy a punto de presentar formalmente a cada persona importante de mi mundo.

—Eso no responde mi pregunta.

Aleksandar sonríe, acercándose para ajustarle un mechón de pelo con una ternura que contrasta con la formalidad del resto de la noche. Se toma su tiempo con el gesto, como si el resto de la noche pudiera esperar unos segundos más.

—Te ves como alguien que no tiene nada que demostrarle a nadie ahí abajo. Eso es lo único que importa.

—Entonces hagámoslo bien.

Se toma un momento más frente al espejo, respirando hondo, antes de tomarle la mano que él le ofrece. El reflejo le devuelve una versión de sí misma que todavía le resulta, en parte, desconocida.

Bajan juntos hacia el salón donde ya empiezan a llegar los primeros invitados, Petrovic entre ellos, junto con otros miembros del consejo y algunos aliados de familias asociadas a la red de Aleksandar. El bullicio de las conversaciones se detiene apenas un segundo cuando los ven entrar juntos.

*

Durante los primeros minutos de la cena, Mila nota las miradas que cruzan algunos de los invitados, los murmullos apenas disimulados entre quienes todavía la conocen, o creen conocerla, solo como "la mujer de la subasta".

Mantiene la espalda erguida y la sonrisa cortés, tal como practicó frente al espejo minutos antes.

Una de las esposas de otro líder de la red, sentada cerca, se acerca con una sonrisa cortés pero cargada de curiosidad evidente.

—Así que tú eres la que causó tanto revuelo estos meses.

—Supongo que sí.

—Debe haber sido... una experiencia particular, empezar así una relación.

Mila mantiene la calma, reconociendo el tono con el que está formulada la pregunta, ni hostil del todo ni completamente amable. Elige cada palabra con el mismo cuidado que aprendió a usar frente a Viktor, semanas atrás, aunque el contexto ahora sea completamente distinto.

—Empezó de una forma particular, sí. Pero lo que importa es cómo continuó, no cómo empezó.

Aleksandar, que escuchó el intercambio desde su lugar, interviene con una firmeza tranquila que corta cualquier ambigüedad restante.

—Continuó con ella eligiendo quedarse, día tras día, y conmigo eligiéndola de vuelta cada uno de esos días. Eso es lo único que importa aquí.

La mujer asiente, algo en la expresión cambiando, el mensaje recibido con claridad. Se retira poco después, sin insistir más en el tema.

Otro invitado, un hombre mayor que Mila reconoce como parte del consejo, se acerca poco después, el tono mucho más directo que el de la mujer anterior. Se sirve una copa de vino antes de hablar, sin apuro, como si tuviera todo el derecho de decir lo que piensa.

—No todos aquí van a estar de acuerdo con esto, ¿sabe? Cambiar su posición así, tan rápido.

—No necesito que todos estén de acuerdo. Solo necesito que respeten la decisión, como respetan cualquier otra que toma Aleksandar.

El hombre la mira un momento más, la ceja levantándose apenas ante la firmeza de la respuesta, antes de asentir y retirarse sin decir más. Mila se permite, apenas por un instante, sentir el peso de haber sostenido bien ese intercambio.

*

Cuando llega el momento de los brindis, Aleksandar se pone de pie, la sala entera guardando silencio de inmediato, la autoridad de su presencia suficiente para captar la atención sin necesidad de pedirla. Mila siente el corazón acelerársele, consciente de lo que viene.

—Quiero aprovechar esta noche para decir algo con total claridad, frente a todos los que forman parte de esta familia extendida —empieza, la voz firme—.

Mila no es una invitada temporal en mi vida, ni una decisión estratégica que tomé una noche en una subasta.

Es mi pareja, en todo el sentido que esa palabra tiene, y quiero que a partir de hoy sea reconocida como tal por todos los que forman parte de este círculo.

Un murmullo recorre la sala, no de sorpresa exactamente, sino de la clase de reconocimiento formal que todos esperaban desde hace semanas sin que nadie lo dijera en voz alta.

Petrovic es el primero en levantar su copa.

—Por Mila, entonces. Y por que sepa manejar a este hombre tan bien como lo hizo hasta ahora.

Risas suaves recorren la mesa, la tensión de los primeros minutos disolviéndose en algo más cálido.

Mila se pone de pie también, sintiendo el peso de cada mirada puesta en ella, pero sosteniéndose con la misma disciplina que aprendió a cultivar desde la primera noche que la sacaron de esa subasta.

Repasa mentalmente, por un instante, todo lo que la trajo hasta este momento: el miedo inicial, la investigación compartida, el secuestro, la resistencia, y ahora esto, un reconocimiento que hace apenas unas semanas le habría parecido imposible.

—Gracias a todos. Sé que no empecé este camino de la forma más convencional, pero elijo estar aquí, con él, cada día que pasa. Eso no va a cambiar.

La voz le sale más firme de lo que esperaba, la certeza de cada palabra sorprendiéndola incluso a ella misma.

Aleksandar le toma la mano frente a todos, el gesto simple pero cargado de un significado que la sala entera registra sin necesidad de más palabras. Se la aprieta apenas, un pequeño gesto de apoyo silencioso.

Uno por uno, los presentes se acercan a saludarla formalmente durante el resto de la cena, el tono muy distinto al de los murmullos iniciales, cada gesto una confirmación silenciosa de que el anuncio de Aleksandar surtió exactamente el efecto que buscaba.

Mila responde a cada saludo con una calma que ya no necesita fingir.

*

Más tarde, cuando la cena empieza a disolverse en conversaciones más pequeñas y relajadas, Mila se aleja un momento hacia el balcón, necesitando un respiro después de la intensidad del reconocimiento público. El aire fresco de la noche le sienta bien después del calor de la sala llena.

Aleksandar la encuentra ahí minutos después, apoyándose junto a ella contra la baranda.

—¿Cómo te sientes?

—Aliviada. Y todavía un poco abrumada, si te soy honesta.

—Es mucho para procesar de una sola vez.

—Lo es. Pero es un alivio distinto al que sentí la noche que me rescataste. Ese fue sobrevivir. Esto es... empezar de verdad.

Aleksandar se acerca un poco más, el hombro rozando el de ella contra el aire fresco de la noche, la mano buscando la de ella sobre la baranda, dejando que las palabras de ella se asienten entre los dos.

—Ya no tienes que cargar con la etiqueta de la subasta nunca más. Eso terminó esta noche, frente a todos los que importan.

—Gracias por decirlo tan claro, delante de todos.

—No necesitaba pensarlo dos veces. Es simplemente la verdad.

Mila se ríe bajito, el alivio finalmente ganándole a la tensión acumulada de toda la noche.

Se quedan un momento en silencio, la música y las voces de la cena filtrándose desde adentro, la noche fresca envolviéndolos con una calma que ninguno de los dos sintió en meses. Mila apoya la cabeza contra su hombro, el gesto natural después de todo lo que compartieron esa noche.

—¿Extrañas algo de tu vida de antes? —pregunta Aleksandar, después de un rato—. De antes de la subasta, quiero decir.

Mila lo piensa un momento, honesta consigo misma antes de responder. El aire fresco de la noche le da el espacio justo para reflexionar sin apuro.

—Algunas cosas. La simplicidad, tal vez. Pero no cambiaría lo que tengo ahora por volver a esa simplicidad.

—Me alegra escuchar eso.

*

Antes de volver adentro, Dragan se acerca al balcón con un mensaje que acaba de recibir, la expresión profesional de siempre pero el paso un poco más rápido que de costumbre. Interrumpe el momento con la discreción habitual, esperando el gesto de Aleksandar antes de hablar.

—Aleksandar, llegó una invitación de los Moretti. Organizan un evento dentro de unos meses, algo formal, para presentar oficialmente a la nueva pareja del hijo mayor. Quieren que asistas, ahora que las cosas se resolvieron por aquí.

Aleksandar mira a Mila, algo curioso en la expresión, dejándole a ella la decisión sin presionarla en ningún sentido.

—¿Te gustaría ir? Sería tu primera presentación formal fuera de nuestro propio círculo.

Mila siente una mezcla de nervios y curiosidad genuina ante la idea, consciente de que el mundo que empieza a abrirse frente a ella es mucho más grande que la propiedad y la organización que ya conoce.

Hasta hace apenas unas semanas, ni siquiera imaginaba que ese mundo existiera fuera de las paredes en las que la mantuvieron cautiva.

—Me gustaría conocer cómo funcionan las otras familias de la red. Y quién es esta pareja de la que habla todo el mundo.

—Entonces vamos a ir juntos.

Dragan asiente y se retira, dejándolos de nuevo solos en el balcón, la noche todavía extendiéndose tranquila frente a ellos.

Aleksandar le pasa un brazo por los hombros, el gesto simple cerrando la conversación con la misma calidez con la que empezó la noche, sin ninguna prisa por volver adentro todavía.

Mila apoya la cabeza contra su hombro.

Por primera vez en meses, no tiene miedo de lo que viene después.