Subastada en el Remate del Mafioso Serbio (Imperios de la Mafia Libro 3) Epílogo #2
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Epílogo #2

Matteo sonríe, algo de reconocimiento genuino en el gesto, la mirada volviendo un momento hacia su propio hijo, que en ese instante toma la mano de Valentina frente a los primeros invitados que se acercan a saludarlos.

—Isabella hizo exactamente lo mismo, en su momento. Yo tampoco entendí al principio por qué era tan importante para ella. Ahora se lo repito a Luca como consejo, aunque dudo que me escuche del todo todavía.

—¿Qué le dices?

Matteo se queda callado un instante, buscando las palabras exactas, la mirada todavía puesta en su hijo del otro lado del salón.

—Que una mujer que elige quedarse a pesar de todo lo que pudo haberla alejado, necesita también la libertad de construir algo que sea completamente suyo.

Lo otro, sin eso, se vuelve jaula tarde o temprano, por más que uno no tenga intención de que lo sea.

A mí me lo enseñó Isabella. A ti, me imagino, te lo enseñó Mila.

Aleksandar asiente despacio, la observación calando más hondo de lo que su expresión revela, la mirada volviendo un instante hacia Mila del otro lado del salón.

—Tienes razón.

*

Ya avanzada la noche, Mila se aleja un momento hacia el balcón de la mansión Moretti, buscando el mismo tipo de respiro que buscó aquella primera noche de reconocimiento público, hace ya más de un año.

El aire fresco le sienta bien después del calor del salón lleno de gente.

Se apoya contra la baranda de piedra, la misma clase de balcón en el que se paró aquella otra noche, en su propia casa, hace ya tanto tiempo.

Aleksandar la encuentra ahí minutos después, como siempre.

—¿Todo bien?

Aleksandar se acerca por detrás, apoyándose a su lado contra la baranda.

—Todo bien. Solo necesitaba un minuto.

—¿Qué pensabas?

Mila se toma un momento antes de responder, buscando las palabras exactas para algo que todavía no terminó de procesar del todo.

—En lo distinta que es esta versión de mí, comparada con la que salió de esa casa aislada hace más de un año.

En ese momento, lo único que quería era sobrevivir un día más.

Ahora tengo una consultora, una vida aquí, un anillo, y esta charla con Isabella que me hizo pensar en todo lo que todavía me falta construir.

Aleksandar la escucha en silencio, sin interrumpir, dejando que termine de ordenar sus propios pensamientos en voz alta.

—¿Qué te falta?

—No sé todavía. Y por primera vez, no me asusta no saberlo. Antes, no saber qué venía después significaba peligro. Ahora solo significa que hay espacio para elegir.

Se queda callada un momento, dejando que la brisa fresca de la noche le acomode el pelo suelto contra la cara. Abajo, en el jardín, algunas parejas más pasean entre las luces, ajenas por completo a todo lo que ese balcón significa para ella.

Aleksandar la abraza desde atrás, apoyando el mentón sobre su cabeza, ambos mirando el jardín iluminado de la propiedad Moretti que se extiende debajo del balcón. La sostiene con la misma firmeza tranquila de siempre, sin ninguna urgencia detrás del gesto.

—¿Extrañas algo de la vida de antes? Ya sé que te lo pregunté una vez, hace un año. Pero quiero saber si la respuesta cambió.

Mila se gira apenas entre sus brazos para mirarlo de frente, sin soltarse del todo del abrazo, tomándose un momento antes de responder, honesta consigo misma como siempre. Se apoya un poco más contra él, el peso de su cuerpo relajándose por completo contra el de Aleksandar.

—No. Ya no extraño nada de esa simplicidad de antes. Lo que tengo ahora no es más simple, pero es mío, elegido, construido contigo y a pesar de ti en partes iguales, cuando hizo falta pelear por mi propio espacio.

—Me alegra que hayas peleado por eso.

—A mí también.

Aleksandar le besa la sien, el gesto simple y tranquilo, sin ninguna prisa por decir nada más, el silencio entre ellos cómodo, sin nada urgente que llenar.

Se quedan un momento en silencio, la música y las voces de la fiesta filtrándose desde adentro, la misma calma que sintieron aquella primera noche de reconocimiento público, pero ahora sin ninguna incertidumbre pendiente sobre el futuro que les espera.

Las luces del jardín parpadean apenas entre los árboles, el mismo tipo de calma que ninguno de los dos conocía bien hasta hace no tanto tiempo.

—¿Volvemos adentro? —pregunta Aleksandar, después de un rato.

—En un minuto. Todavía quiero quedarme aquí, mirando esto un poco más.

Aleksandar no insiste. Se queda con ella, en silencio, ninguno de los dos con ninguna prisa por moverse, la noche entera abierta frente a ellos como todo lo demás que todavía tienen por delante.

El anillo le brilla apenas en la mano que descansa sobre la baranda, un pequeño destello constante bajo la luz de la luna.

Mila mira el jardín iluminado de la propiedad Moretti, la misma sensación que sintió hace un año en su propio balcón —el futuro como algo que por fin puede elegir con calma— pero esta vez, sabe con certeza absoluta que la mujer que elige ese futuro ya no es la que salió de la subasta: es, por completo y sin ninguna sombra pendiente, ella misma.