Se fue para protegerme.

Me prometió que volvería.

No lo hizo.

Seguí adelante. Doce años después, ha regresado. Declara que me quiere de vuelta, decidido a protegerme a mí y a mi hijo.

Cada promesa, cada beso posesivo, me hace sentir que es mío. Pero ya no es el mismo hombre que recordaba.

Y aun así, no puedo olvidar que, bajo su cuerpo firme, su mirada oscura y su sonrisa seductora, está mi perdición.

Si se marcha otra vez, no sobreviviré.

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