Tres años de sabotaje sobrenatural. Un fantasma virgen con serios problemas para soltar a quien quiere. Y un médium de lo más atractivo que quizá pueda ayudar.

Desde hace tres años, en el piso de Hunter ronda el poltergeist más posesivo del mundo. ¿Los Backstreet Boys a todo volumen en pleno morreo? El fantasma. ¿Aquella botella de vino que estalló y empapó a su cita? El fantasma, sin duda.

Después de que otro ligue de Halloween se tuerza por culpa de lo sobrenatural, Hunter está dispuesto a probar lo que sea. Incluso a invitar a casa al guapísimo médium del barrio, cuyo cortado de cada día es lo mejor de su turno de mañana.

Eli esperaba un caso de fantasmas de lo más corriente.

Sal, salvia, quizá un exorcismo ligerito.

No esperaba encontrarse con Kris: un fantasma veinteañero que murió sin salir del armario en 2001 y que lleva desde entonces suspirando por Hunter.

Un fantasma virgen que ha presenciado todos y cada uno de los momentos… íntimos de Hunter. Durante tres años.

Y, desde luego, tampoco esperaba que Kris tecleara en el portátil de Hunter: QUIERO MIRAR.

Pero es Halloween, la noche en que el velo entre los mundos es más tenue.

Y, si generan suficiente energía, puede que Kris consiga volverse lo bastante corpóreo para experimentar por fin todo aquello que le ha sido negado.

Todo lo que ha deseado desesperadamente mientras observaba a Hunter desde el otro lado.

Un romance paranormal MMM con un barista al que la suerte le sonríe de forma sobrenatural (salvo en el amor), un médium que ejerce de terapeuta de parejas de lo más peculiares y un fantasma milénial que arruina citas montando rabietas de poltergeist.

Ven por el humor de «mi fantasma está celoso de mis citas»; quédate por ese fantasma virgen, sorprendentemente tierno, que solo quiere que lo toquen.

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