4. Capítulo 4
Chapter four
Alas tres de la madrugada, habíamos follado sobre todas las superficies del piso de Hunter.
La encimera de la cocina (Kris inclinado sobre ella mientras Hunter se lo follaba y yo me follaba a Hunter). Despatarrado en el suelo, con los dos comiéndome el culo. Contra la pared (donde la fuerza sobrenatural de Kris le permitía sostener a Hunter en vilo mientras yo se lo follaba por detrás).
—La ducha —había jadeado Hunter después de lo de la pared, con los tres pringados de semen y sudor—. Necesitamos una ducha.
El cuarto de baño era pequeño y la ducha, más aún, pero nos apañamos. Hunter abrió el grifo y reguló la temperatura mientras Kris y yo nos apretábamos contra él, uno a cada lado.
—Qué juntitos estamos —dijo Kris, con las manos ya explorando el culo de Hunter.
El vapor llenó enseguida aquel espacio reducido. Hunter fue el primero en meterse bajo el chorro, con la cabeza echada hacia atrás y el agua resbalándole por la cara y el pecho. Verlo así, vulnerable, relajado, precioso, hizo que mi polla, ya satisfecha, se estremeciera con renovado interés.
—¿Queda sitio para dos más? —preguntó Kris, mientras se metía ya en la ducha.
Estábamos apretados. En la ducha apenas cabían dos personas, mucho menos tres. Pero eso solo significaba que estábamos pegados, con la piel deslizándose contra la piel mojada y las manos por todas partes porque no había dónde dejarlas.
—Tengo una idea —dijo Kris, con aquel brillo travieso en los ojos—. Quiero probar una cosa.
—Ya has probado casi todo el Kama Sutra —señalé—. ¿Qué queda?
—¿Os acordáis de que puedo atravesar las cosas? —Kris esbozó una sonrisa de lo más obscena—. Mirad esto.
Se arrodilló en la ducha, con el agua corriéndole por la espalda, y se metió la polla de Hunter en la boca. Hunter gimió y le hundió las manos en el pelo mojado.
Entonces Kris empezó a volverse translúcido.
—Joder —jadeó Hunter—. ¿Qué estás...? ¡Dios mío!
Observé fascinado cómo Kris perdía la solidez justa para que la polla de Hunter se deslizara más adentro, hasta una profundidad imposible, sin encontrar resistencia. Sin reflejo nauseoso, sin limitaciones físicas: solo un calor húmedo e interminable.
—¿Qué se siente? —le pregunté a Hunter, mientras se me volvía a poner dura.
—Es como... joder... como si no tuviera garganta —jadeó Hunter—. Como si pudiera seguir metiéndola hasta el infinito. Es una locura. Es... ¡Kris!
Kris se apartó y volvió a hacerse sólido. La polla de Hunter le salió de la boca con un chasquido obsceno.
—¿Bien? —preguntó con aire inocente.
—No puedes hacer eso sin más... No vale —dijo Hunter—. Ninguna boca se siente así.
—Ventajas de haber estado muerto —dijo Kris con una sonrisa—. No necesito reflejo nauseoso. ¿Queréis ver qué más puedo hacer?
Volvió a hacerse translúcido, pero esta vez se inclinó hacia delante y apretó la cara contra la entrepierna de Hunter.
Y siguió avanzando. Su rostro se introdujo literalmente en el cuerpo de Hunter y, a juzgar por cómo se le pusieron los ojos en blanco, Kris estaba haciendo algo imposible dentro de él.
—Me está... Joder, le noto la lengua en la próstata —jadeó Hunter, agarrándose a la pared de la ducha para no perder el equilibrio—. Desde dentro. ¡Me está lamiendo desde dentro!
Ya la tenía dura como una piedra viendo aquella escena porno fantasmal ante mis ojos. Kris se apartó y volvió a hacerse sólido, muy satisfecho consigo mismo.
—Ahora te toca a ti —me dijo.
—¿Qué me toca?
—Quiero ver si funciona con los dos. —Kris se colocó entre nosotros, todavía de rodillas—. Los dos a la vez.
Abrió la boca para Hunter y luego me indicó que me acercara. Me coloqué en el ángulo que me señalaba y entonces Kris volvió a hacerse translúcido.
Hunter le penetró la boca de frente. Yo entré por un lado. Y, de algún modo imposible, los dos estábamos dentro de la boca de Kris a la vez. Notaba la polla de Hunter deslizándose contra la mía, el calor húmedo de la boca de Kris envolviéndonos a los dos, su lengua haciendo cosas imposibles.
—Jesucristo —gemí—. Esto es... Joder, Kris...
Kris emitió un sonido de satisfacción alrededor de nuestras pollas y la vibración estuvo a punto de hacer que me corriera allí mismo. Se retiró lo justo para volver sólidos los labios que nos rodeaban, sellándolos, y luego chupó con fuerza.
Hunter se corrió primero, gritando lo bastante alto para despertar a los vecinos, y su semen se derramó en la boca de Kris.
Verlo y sentirlo desencadenó mi orgasmo, sumando el mío al desastre.
Kris se lo tragó todo, de algún modo, con la garganta moviéndose pese a lo físicamente imposible de lo que acabábamos de hacer.
Cuando se apartó, ya del todo sólido, sonreía como si le hubiera tocado la lotería.
—Vale —dije, jadeando—. Eso ha sido, oficialmente, lo más raro y lo más excitante que he vivido en mi vida.
—Las mamadas de un fantasma —convino Hunter, dejándose resbalar por la pared de la ducha hasta quedar sentado en el suelo—. Lo mejor de salir con un fantasma.
—Exfantasma —dijimos los tres al unísono, y luego nos echamos a reír.
Al final salimos de la ducha. Ahora estábamos de vuelta en la cama, todavía con la piel húmeda y, pese a todo lo que ya habíamos hecho, seguíamos deseándonos con un hambre imposible de saciar.
—Quiero probar lo de volverme intangible de otra manera —dijo Kris, con una expresión inocente que, ahora que sabíamos lo salido que era, no engañaba a nadie.
—Acabas de tragarte dos pollas hasta la garganta a la vez —señalé—. ¿Qué queda?
—¿Os acordáis de cómo hice que algunas partes de mí fueran menos sólidas en la ducha?
Hunter abrió mucho los ojos.
—No estarás sugiriendo...
—Quiero que estéis los dos dentro de mí. A la vez. Pero quiero probar una cosa mientras estoy parcialmente intangible.
—Eso es... —Hice una pausa. Se me estaba poniendo dura otra vez, a pesar de haberme corrido ya cuatro veces—. La verdad es que no tengo ni idea de qué se sentirá.
—Solo hay una forma de averiguarlo —dijo Kris con una sonrisa.
Primero se sentó a horcajadas sobre mí y se dejó caer sobre mi polla con un suspiro de placer. Llevábamos tres horas follando y seguía igual de ansioso, igual de estrecho. Luego le hizo una seña a Hunter para que se acercara.
—Ahora vuelve intangible solo la entrada —le dije, fascinado por las leyes físicas que regían su condición de fantasma.
Kris se concentró y noté el cambio: su agujero perdió solidez y se convirtió en algo parecido a un calor líquido a mi alrededor. Hunter entró junto a mi polla y los dos gemimos ante la sensación.
—Joder —jadeó Hunter—. Os noto a los dos, pero es como...
—Como follar a través de miel templada —terminé por él—. Kris, esto es increíble.
Kris ya no podía ni hablar. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo de placer. Su cuerpo parpadeaba entre sólido y translúcido, creando oleadas de sensaciones distintas a todo lo que había experimentado.
—Moveos —consiguió decir al fin—. Por favor, folladme, usadme, necesito...
Encontramos un ritmo y los dos empezamos a embestir en aquel calor imposible. El roce de nuestras pollas dentro de él creaba una fricción que nos hacía gemir a los tres. Kris ya balbuceaba una mezcla de tacos y lo que podrían haber sido letras de los Backstreet Boys.
—Dime qué sientes —gemí, necesitado de oírlo.
—Como si me follara un rayo —jadeó Kris—. Como si me ardieran todos los nervios. Como si me estuviera muriendo, pero al revés. Como si... ¡Joder, ahí mismo!
Hunter y yo habíamos encontrado el ángulo perfecto; nuestras pollas se rozaban con cada embestida. Kris no dejaba de gotear, con la polla intacta pero dura como una piedra.
—No te toques —dijo Hunter con la voz entrecortada—. Quiero ver si conseguimos que te corras solo con esto.
—No puedo... Es demasiado... Necesito...
—Nos necesitas a nosotros. —Aceleré mis embestidas—. Solo a nosotros. Nuestras pollas dentro de ti, llenándote, dándote lo que llevas veinte años deseando.
Eso bastó. Kris se corrió sin tocarse y nos salpicó el pecho con su leche. Su orgasmo desencadenó el de Hunter y después el mío. Nos corrimos los tres a la vez y encendimos todas las luces del piso como unos fuegos artificiales salidos.
En la oscuridad, Kris brillaba como un puto faro.
—El mejor Halloween de mi vida —jadeó, aún empalado en nuestras pollas, que empezaban a ablandarse.
—Ya no es Halloween. —Hunter señaló su móvil—. Son las 3:47 de la madrugada del 1 de noviembre.
Los tres nos quedamos paralizados. Faltaban unas horas para que saliera el sol. ¿Se desvanecería Kris? ¿Volvería a convertirse en fantasma? ¿Desaparecería por completo?
—No me noto diferente —dijo Kris con cautela—. Sigo siendo sólido. Sigo aquí. Y sigo teniendo vuestras dos pollas en el culo, que es una forma muy rara de tener una crisis existencial.
—Puede que la magia dure hasta el amanecer —dije, aunque no estaba seguro—. Deberíamos aprovecharla.
—O —dijo Hunter en voz baja— podríamos limitarnos a abrazarnos. Por si... por si esto es todo lo que vamos a tener.
El ambiente cambió: del polvo desesperado pasamos a algo más tierno.
Nos limpiamos con unas toallitas húmedas y templadas.
Hunter cuidó de Kris con caricias tan suaves que al fantasma —al exfantasma— se le humedecieron los ojos.
Luego nos acurrucamos juntos en la cama, con Kris en medio y nuestros brazos rodeándolo.
—Cuéntanos cómo era tu vida —dijo Hunter—. Antes.
Y Kris nos lo contó. Habló de su infancia en un pueblo pequeño de California, de saber que era diferente. De ocultar quién era. De sus planes de salir del armario después de la universidad y mudarse a una gran ciudad donde pudiera ser él mismo. Del accidente que le arrebató aquel futuro.
—Creía que tendría tiempo —susurró—. Fui tan prudente, tan paciente... Esperé el momento perfecto, y nunca llegó.
—Ahora tienes tiempo —dije con firmeza—. Encontraremos una solución.
—¿Y si desaparezco al amanecer?
—Entonces encontraremos la manera de traerte de vuelta —dijo Hunter—. Cada Halloween, si hace falta.
—O encontraremos otra forma —añadí—. Conozco a otros médiums, a otros practicantes de magia. Alguien sabrá cómo hacer que esto sea permanente.
—¿Haríais eso? ¿Por mí?
—Kris. —Hunter se volvió para mirarlo de frente—. Llevas tres años cuidando de mí. Me has querido incluso después de morir. Claro que haríamos eso por ti.
—¿Los dos?
—Los dos —le aseguré—. Esto no va solo de follar con un fantasma. Esto es... algo de verdad.
Entonces Kris se echó a llorar. No eran lágrimas de tristeza, sino de pura emoción. De esas que derramas cuando te das cuenta de que ya no estás solo.
Lo abrazamos mientras lloraba, bien pegados, piel contra piel contra piel.
—No me puedo creer que me haya tragado dos pollas hasta la garganta a la vez —dijo Kris de pronto, rompiendo el momento emotivo—. ¿Ese es mi superpoder? ¿El reflejo nauseoso fantasmal?
—Entre otras cosas —dijo Hunter entre risas—. Literalmente me has lamido la próstata desde dentro del cuerpo. Eso no es normal.
—Aquí no hay nada normal —señalé—. Acabamos de hacer un trío con alguien que llevaba veinte años muerto.
—La mejor crisis de la mediana edad de mi vida —dijo Kris—. Aunque morí a los veinticuatro, así que técnicamente sería más bien una crisis de la mediana muerte, ¿no?
—Eres lo peor —dijo Hunter, besándole el hombro.
—Aprendí de verte a ti —replicó Kris—. Tres años oyendo tus chistes de padre en la cafetería. «¡Exprésate con un expreso!». ¿En serio?
—¡A mis clientes les encantan esos chistes!
—Tus clientes son adictos a la cafeína que se reirían de cualquier cosa antes de las nueve de la mañana —dije.
—Lo dice el hombre que pide un cortado con leche de avena —se burló Hunter—. Es imposible pedir algo más pretencioso.
—¡Es un café de lo más respetable!
—Es el equivalente cafetero a decir que no eres como las demás chicas —añadió Kris.
Seguimos metiéndonos unos con otros. Durante un rato, la naturalidad de tres tíos vacilándose después de follar dejó a un lado el miedo al amanecer.
Se sentía real. Se sentía bien. Parecía algo que podía durar.
—Pase lo que pase —dijo Kris al cabo de un rato, otra vez serio—, ha merecido la pena esperar. Veinte años sin nada y luego seis horas con todo.
—Ocho horas —dijo Hunter entre risas—. Todavía nos queda hasta el amanecer.
—Entonces más vale que las aprovechemos —dije. Ya se me estaba poniendo dura otra vez porque, por lo visto, los tríos con fantasmas me daban la capacidad de recuperación de un adolescente.
—¿Cómo es que se te ha puesto dura otra vez? —preguntó Kris, mirando fijamente mi polla.
—¿Y cómo es que tú eres sólido? —repliqué—. A estas alturas ya hemos dejado de cuestionarnos las leyes de la física.
—Buen argumento —dijo Kris, y volvió a sentarse a horcajadas sobre mí—. ¿Queréis ver si puedo volver intangible solo la lengua mientras te monto?
—Vas a acabar con nosotros —gimió Hunter, aunque ya estaba buscando el lubricante.
—A mí no podéis matarme —dijo Kris alegremente—. Ya estoy muerto. O estuve muerto. Lo que sea. El caso es que pienso recuperar veinte años sin sexo en una sola noche.
—Que nuestras pollas descansen en paz —dije.
—Merecerá la pena —dijeron Hunter y Kris al unísono.
El sol podía esperar. Teníamos cosas más importantes que hacer. Como averiguar de cuántas maneras podía un fantasma aprovechar su capacidad para volverse intangible durante el sexo.
Resultó que de muchísimas.