3. Capítulo 3 #2
Mi agujero se contrajo alrededor de los tres dedos de Eli, intentando atraerlo más adentro, y los recuerdos afloraron en mi cuerpo.
La primera vez que me follaron, nervioso y ansioso.
La mejor, cuando un novio se tomó su tiempo y alargó el placer durante horas.
La última, antes de que Kris decidiera que nadie era lo bastante bueno para mí.
La presión ya era intensa, casi excesiva, y me preparaba para lo que sabía que venía: aquella polla gruesa que me llenaría por completo.
El reloj marcaba las 23:47. Sentía acercarse la medianoche como electricidad en el aire.
—Por favor —gimoteó Kris, acelerando la mano alrededor de su polla—. Necesito más. Tengo que estar listo.
—¿Para qué? —preguntó Eli, aunque todos lo sabíamos.
—Para los dos —dijo Kris—. Quiero tener a Hunter dentro de mí. Quiero que tú estés dentro de Hunter. Quiero que estemos todos unidos.
—¿La primera vez de un virgen va a ser un trío? —Eli sonrió—. Apuntas alto.
—Llevo veinte años esperando —dijo Kris—. Lo quiero todo.
Las 23:55. El aire estaba tan cargado de la excitación fantasmal de Kris que apenas podía respirar. Ya era completamente sólido y parecía exactamente un chico vivo de veinticuatro años a punto de dejarse follar por primera vez.
—¿Cómo nos colocamos? —preguntó Eli.
—Quiero a Hunter dentro de mí. —A Kris le tembló la voz—. Y a ti dentro de Hunter. Como un ciempiés humano sobrenatural y sexi.
—¿Acabas de…? —Me eché a reír—. No podrías haberlo descrito peor…
—Cállate y fóllame —dijo Kris, y acto seguido puso cara de pasmo—. Dios mío, no puedo creer que acabe de decir eso.
Nos colocamos: yo boca arriba, Kris a horcajadas sobre mí y Eli detrás con el lubricante.
—Deja que te abra primero —le dijo Eli a Kris—. Tienes que estar preparado.
—Estoy muerto —señaló Kris—. Diría que podré aguantarlo.
—Dame el gusto —dijo Eli mientras se embadurnaba los dedos—. Quiero verle la cara a Hunter mientras mira cómo te meto los dedos. Además, vas a recibir una polla por primera vez. Mejor abrirte bien.
El primer dedo arrancó un jadeo a Kris, y su polla dio un respingo.
—Hostia, eso es… ¡Lo noto todo!
—Bien —dijo Eli. Añadió enseguida un segundo dedo y empezó a meterlos y sacarlos—. De eso se trata.
Vi cómo se transformaba el rostro de Kris. Abrió mucho los ojos, con las pupilas dilatadas, y dejó caer la mandíbula hasta dibujar una O perfecta de sorpresa y placer. Se agarró a mis muslos para mantener el equilibrio mientras Eli lo abría con los dedos, cada vez más deprisa.
—Está… dentro —jadeó Kris—. Hay algo dentro de mí. Noto la forma de tus dedos, cómo se mueven, la presión cuando aprietas… Dios mío, ¿qué es eso?
—Tu próstata —dijo Eli, curvando otra vez los dedos para tocar aquel punto a propósito.
Kris levitó casi diez centímetros sobre la cama y se le quedó el cuerpo entero rígido de placer.
—Joder —susurré—. Estás flotando.
—No puedo evitarlo —jadeó Kris mientras volvía a descender—. Es demasiado bueno. Joder, ¿son dos dedos?
—Tres —lo corrigió Eli, abriéndolo bien—. Los aguantas de maravilla. Pasivo de nacimiento.
Las 23:59.
—Diez segundos —anunció Eli.
Kris se colocó sobre mi polla, con la punta apenas apoyada contra su agujero dilatado. Eli se situó detrás de mí, con la polla lubricada y lista contra mi entrada.
—Cinco.
El aire reverberó.
—Tres.
El corazón me iba a mil. Tres años nos habían conducido a aquel momento. Dos hombres me deseaban. Estaba a punto de unirme a ambos.
—Dos.
El glande de Eli apretó con más firmeza contra mi agujero. Respiré hondo e intenté relajarme.
—Uno.
Medianoche.
El cambio fue instantáneo. Kris se volvió completa, absolutamente humano: cálido, sólido, real. La barrera entre la vida y la muerte desapareció de golpe.
—Ahora —jadeó Kris, y se dejó caer sobre mi polla en un solo movimiento fluido.
El sonido que soltamos los dos podría haber despertado a los muertos. Aunque, técnicamente, eso ya lo habíamos hecho.
Calor. Fue lo primero que percibí. Después del frío de las caricias de Kris, su agujero abrasaba: estrecho, perfecto.
Todas las terminaciones nerviosas de mi polla se encendieron como luces de Navidad.
Notaba cada pliegue, cada contracción, cada estremecimiento mientras su cuerpo se adaptaba a tenerme dentro.
—Joder, qué apretado estás —gemí, aferrándome a las caderas de Kris. Su calor, la forma en que su agujero se contraía alrededor de mí… Era perfecto—. Jodidamente apretado.
—Estás dentro de mí. —Kris sonaba deshecho—. De verdad estás dentro de mí. Te noto entero. Eres tan grueso, me abres tan bien…
Entonces Eli entró en mí con una sola embestida larga y firme, hasta el fondo. Dios, qué grande era. Más grueso y largo que cualquiera de los que había recibido antes; me llenaba por completo. El estiramiento me ardió apenas un instante antes de dar paso al placer.
La sensación me dejó sin aliento. Estaba más lleno de lo que había estado en años, al borde de un exceso que rozaba la perfección. Mi cuerpo lo recordaba, lo recibía con gusto, y mi agujero se cerraba alrededor de la gruesa polla de Eli como si saludara a un viejo amigo.
—¡Joder! —grité, atrapado entre los dos. Cada vez que Eli empujaba hacia delante, me hundía más en Kris. Cuando retrocedía, Kris bajaba y me recibía hasta la base.
—Moveos —supliqué—. Por favor, que se mueva alguno de los dos, joder.
Kris empezó a cabalgarme con un entusiasmo que compensaba su falta de técnica. Al principio iba demasiado deprisa, pero encontró el ritmo cuando le guié las caderas.
—Así —murmuré—. Fóllate con mi polla. Toma lo que necesites.
—Es buenísimo —balbuceó Kris—. Mejor de lo que imaginaba. Me estás dando justo ahí… ¡Joder, ahí mismo!
Cada embestida de Eli me hundía más en Kris. Cada vez que Kris bajaba, me empujaba hacia atrás sobre Eli. Lo notaba todo: la polla de Eli abriéndome y rozándome la próstata con cada embestida; el calor apretado de Kris alrededor de la mía, contrayéndose y relajándose.
—No voy a aguantar —advirtió Kris, con los muslos temblorosos—. Es demasiado…
—Pues no aguantes —dije—. Córrete para nosotros, ahora mismo, sobre mi polla.
Eli rodeó con la mano la erección de Kris y empezó a pajeársela deprisa y con fuerza. Kris perdió el control al instante y gritó al correrse. Su lefa me salpicó el pecho y la cara en gruesos chorros, y su agujero se cerró con tanta fuerza alrededor de mí que vi las estrellas.
Las luces no se limitaron a parpadear. Dos bombillas estallaron. En la oscuridad, Kris brillaba de verdad: su piel desprendía una suave luz plateada.
—Joder —murmuró Eli, todavía follándome—. Brilla de verdad.
—¿Eso es normal? —preguntó Kris, mirándose las manos luminosas.
—Aquí no hay nada normal. —Apreté el culo alrededor de la polla de Eli—. Pero aún no hemos terminado.
Eli gimió y empezó a follarme más fuerte, más hondo. Su gruesa polla me abría de par en par y tocaba aquel punto con cada embestida.
—Estás buenísimo. Joder, qué apretado. Llevo meses deseando esto.
—Pues hazlo —respondí entre gruñidos—. Fóllame como llevas deseando hacerlo.
Eli se retiró casi por completo, dejando solo el grueso glande para estirarme la entrada, y volvió a hundirse de golpe. Grité. Mi polla dio un respingo dentro de Kris, que seguía ensartado en ella, hipersensible, pero sin apartarse.
—Lo noto —jadeó Kris—. Cuando te folla, lo noto a través de tu polla. Es como… Joder, ¡hazlo otra vez!
Eli obedeció y marcó un ritmo implacable. La tenía tan gruesa, tan larga, que alcanzaba lugares dentro de mí que había olvidado que existían. Cada embestida me hundía más en Kris, que había empezado a moverse otra vez, cabalgándome pese a acabar de tener un orgasmo.
—Vuelve a tocarte —le dije a Kris—. Quiero verte correrte dos veces.
—No puedo… Es demasiado pronto…
—Eres sobrenatural —le recordó Eli. Alargó las manos para pellizcarle los pezones y le arrancó un grito—. Las reglas son distintas para ti.
Y así era: a Kris se le estaba poniendo dura otra vez. Al parecer, su recuperación fantasmal era instantánea. Se la agarró y empezó a acariciársela siguiendo nuestro ritmo.
—Joder, estoy cerca —advertí—. Voy a correrme, voy a…
—Dentro de mí —suplicó Kris—. Quiero sentirlo. Quiero que me llenes.
Eso bastó. Me corrí con un grito, descargándome dentro de Kris mientras Eli seguía follándome. La hipersensibilidad era intensa; tenía todas las terminaciones nerviosas en llamas.
—Mi turno —gruñó Eli, con embestidas cada vez más erráticas—. Voy a llenarte a ti también. Voy a… ¡Joder!
Se hundió hasta el fondo y se corrió, con la polla palpitando dentro de mí. La sensación provocó otro orgasmo en Kris, que volvió a correrse sobre mi pecho y aumentó el desastre.
Nos derrumbamos en un montón, aún unidos y jadeantes, aunque, técnicamente, uno de nosotros no necesitaba respirar.
—Eso ha sido… —empezó Kris.
—Un ensayo —terminó Eli con una sonrisa traviesa—. Tenemos hasta el amanecer.